Casi un mes después de la entrada masiva en Ceuta de miles de personas a través del espigón del Tarajal la normalidad que vendió el Gobierno de España es un espejismo.
Los ceutíes protestan por esto, precisamente. Por la lentitud en solucionar un problema que parece haberse ido de las manos.
Cualquier recorrido por Ceuta, sobre todo por los barrios, evidencia el alcance de la situación con un goteo constante de inmigrantes que deambulan por las calles.
Paseos marítimos como el de Benítez acogen un ir y venir de jóvenes. Los militares hacen acto de presencia permanente, están además cerca de establecimientos abiertos, específicamente los que venden alimentos.
Nada cambia. Oficialmente no se facilitan datos de cuántas personas puede haber por las calles. Quizá ni se sepa. Interior nunca ha facilitado el número de los que entraron en una marcha sin freno, sin veto, sin control.
Asentamientos en la playa de Benítez
La playa de Benítez, en su parte más próxima a la desaladora, ya ha sido ocupada por tiendas de campaña en donde habitan grupos de inmigrantes.
Han colocado casetas formando un asentamiento en la zona conocida como el Regajo. La Policía vigila los lugares de asentamiento, pero no se le ha dado orden de retirada.
Ni a ellos ni a la Guardia Civil. De momento no pueden actuar sobre los asentamientos y así permanecen en playas como Benítez, pero también en los montes. Allí, en mayor número.
El Trampolín, cuyo cierre en falso celebró la ministra Saiz, sigue activo
El Trampolín, cuyo falso cierre celebró la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, sigue activo. Se presenta como otro mundo paralelo.
Miles de personas intentan ser controladas por los agentes de la UIP, no sin dificultades. Los policías organizan las colas por grupos, pero es entonces cuando entra en escena la picaresca y quienes pretenden colarse terminan siendo increpados por el resto.
El Trampolín es una pequeña olla a presión. Cualquier roce se convierte en una auténtica tangana. Miles de inmigrantes acuden al lugar para recibir las raciones de comida que ofrece la Cruz Roja. Son más de 4.000 las que se reparten. La visión en este lugar es impropia de una Ceuta que lleva casi un mes soportando esta situación derivada del chantaje de Marruecos a España usando a Ceuta como cabeza de turco.
Cruz Roja prepara desde el inicio de la tarde el reparto de las comidas. Miles de marroquíes y subsaharianos esperan recibirla. Esta parte de la no normalidad es la que se olvidó en su relato el Gobierno de la Nación y la hilera de ministros que ha desembarcado en Ceuta.
En este punto quedan varias tiendas de campaña en donde siguen durmiendo inmigrantes, aunque en menor cantidad que antes.
El embolsamiento que se ha convertido en un segundo CETI
Del Trampolín hacia Loma Colmenar. El camino es la visión de un deambular constante de personas, todas con su bolsita de plástico en la mano, yendo hacia arriba, hacia abajo, así durante toda la jornada.
Por toda Ceuta se repite la misma historia que arroja una suma de personas que se cuentan por miles, aunque el Gobierno rechace aportar la transparencia debida.
En las carpas de Loma Colmenar ubicadas en el embolsamiento se ha organizado otro CETI paralelo. El Gobierno de España dice que hay capacidad para 1.500 con posible aumento a 1.800. Poco a poco las tiendas de campaña con sus literas van siendo ocupadas por los desalojados de barriadas próximas y trasladados del Trampolín.
Se ha montado una pequeña ciudad con su mezquita improvisada, sus tenderetes y sus espacios.
En los accesos a este punto siguen esperando más personas para entrar. En Loma Margarita existe el otro punto de acogida para subsaharianos, que pasarán al CETI cuando sea rebajada su ocupación.
Las naves del Tarajal son otros de los puntos de acogida de cientos y cientos de personas. Esto sin contar los asentamientos de niñas y mujeres.
El día a día de la no normalidad que Marlaska se ha perdido
Este es el día a día de otra Ceuta en la que se ha normalizado tener a militares en las calles o vigilando establecimientos. En donde por las calles se aprecia más el deambular constante de quienes entraron por el espigón a finales de julio mucho más que el de las familias de Ceuta.
Las barriadas están al límite, denuncian inseguridad, reclaman más presencia de las fuerzas de seguridad, sobre todo ante la inminente llegada del inicio del curso escolar. Pero en el día a día nada cambia y la recuperación de esa normalidad que vio Marlaska está cada vez más lejana.





