Las redes sociales se han convertido en espacio para que los cobardes puedan emitir todo tipo de mentiras y ataques que solo persiguen hacer daño a las personas elegidas como víctimas y generar una corriente de opinión maliciosa en torno a ese bulo. Nadie está libre de que cualquiera, desde un perfil creado a tal efecto, pueda insultarle o realizar acusaciones falsas. Esto tiene que tener un tope, un muro, una línea marcada, porque no todo vale. Hoy le ha tocado al presidente de la Ciudad, Juan Vivas, quien ha presentado ya denuncia en la Jefatura Superior por las falsedades vertidas contra su persona, pero mañana le puede tocar a cualquiera. Los cobardes crean perfiles falsos únicamente con ese fin, bombardeando todos los foros posibles con comentarios hirientes, insultos y acusaciones de gravedad, como la que se ha ofrecido contra la principal autoridad de la ciudad. Hay que denunciar, es la única manera de que la Justicia pueda responder y pueda condenar. No se puede permitir una acusación de gravedad que, en el caso de personas públicas, pretenden dañar su imagen a base de difamaciones.
Las redes sociales pueden ser un vehículo idóneo positivo, pero también, usadas de mala manera, pueden ser la peor de las torturas para quienes asisten, asombrados, a las campañas de desprestigio de las que pueden ser víctimas.
No hay más que ese paso: hay que denunciar, buscar la condena, para que el autor del comentario quede retratado, tenga que publicar su error y asumir sus responsabilidades.






