No a la guerra, no a las masacres, no al genocidio, no a las matanzas, no a los dictadores, no a los sátrapas, no a los miserables, no a los que violan los derechos internacionales, las democracias y los tratados internacionales.
Bajo la excusa de la libertad te amordazarán el alma, bajo las promesas de justicia te usarán como mercancía, bajo tu pobreza y tu miedo serás su esclavo, bajo la seguridad del planeta lloverán bombas, misiles, drones inteligentes, municiones atómicas, ametralladoras, lluvia de balas.
Los señores de la guerra están preparados, preparados para usurpar lo que os pertenece, para minar vuestro territorio, para provocar hambrunas, para fomentar conflictos entre vosotros. Son los dueños, los amos del mundo, los mercaderes, los mercenarios, los explotadores.
Os engañarán, venderán sus promesas para que beses las cadenas que te amordazan.
Nada se le resiste. En nombre del orden internacional provocarán invasiones, expulsiones, deportaciones, represiones, y muertes. Ellos no dan explicaciones ni rinden cuentas, ellos hacen y deshacen, ellos no dan razones porque nadie se las pide.
Malditos sean, malditos sean los que callan, malditos sean los que agachan la cabeza, malditos sean esos monstruod mientras se creen los dioses.
Perder la esperanza y esconderse bajo la manta de la amenaza no puede ser la respuesta.
No a la guerra una y mil veces. Europa no puede sucumbir bajo las amenazas porque seremos cómplices, nos macharemos de sangre, miraremos sin ver nada y la sordera colectiva limpiará nuestra conciencia.
Pedro Sánchez ha respondido, ha plantado cara al gigante; solo él sabrá por qué ha dado el paso, tal vez sea mejor no saberlo.






