El concepto de “imagen” tiene su origen en el término latino “imagio” y describe la figura, representación, semejanza, aspecto o apariencia de una determinada cosa.
Todos convenimos en que en la sociedad de nuestros días la imagen es terriblemente importante. Mucho más a veces, que discursos, definiciones o sesudas tesis argumentales. Asignamos muchas mas veracidad a lo que vemos realmente con nuestros propios ojos que a aquello que nos cuentan otros. De esa forma comprobamos cómo el interés de cualquier empresa, asociación u organización se centra en tener una positiva imagen corporativa, es decir en cuidar ese grupo de cualidades que se asocian con sus fundamentos, con aquello que una “empresa” significa para la sociedad a la que sirve, en la que desarrolla sus actividades o de la que forma parte. Por estas teóricas razones todos deberíamos preocuparnos por nuestra imagen, así como por la imagen de aquello que amamos. Y por eso creo que a todos nos hirió profundamente el pasado martes la retrasmisión de un programa de Antena3, En Tierra Hostil, que dejaba la imagen de Ceuta realmente en muy lamentable posición.
Me dolió, he de reconocerlo, un programa de televisión en el que no se distinguía para nada a los ceutíes ordinarios, esos que somos la inmensa mayoría de los ciudadanos normales y corrientes, de los fanáticos o los radicales; que presentaba la barriada del Príncipe como un nido atestado de radicales o de personas próximas al radicalismo; que unía sin distingo alguno, situaciones de delincuencia común, o de ajuste de cuentas entre narcos, o de vandalismo, o de desempleo masivo, o de escasez de servicios…con el yihadismo y el radicalismo islámico. Eso no es verdad. O al menos eso no es exacto, y en este tema deberíamos exigir exactitud y rigor al trasmitir supuesta información. Por la injusticia que supone para con Ceuta y con los ceutíes de bien, por la importancia del tema y por las consecuencias que puede tener.
Sin dejar de reconocer el problema, sin dejar de reflexionar sobre sus causas y su incidencia en la Ciudad, todos deberíamos esforzarnos en apartar la imagen de Ceuta y de Melilla de la asociación con el yihadismo y con la radicalidad. Porque no es justo, porque no es verdad y porque no nos conviene. Es una imagen parcial y sesgada del problema y de nuestra ciudad. Es cierto que en nuestro seno se han producido importantes operaciones contra el yihadismo, que se han desarticulado células y se ha detenido a personas, pero ello no debe llevar aparejada la sensación o la imagen de que somos un núcleo de concentración extrema de la radicalidad. Y para demostrarlo están las cifras y los datos. España comparte el problema de la radicalización islámica, de los yihadistas y de los retornados. Pero el número de personas que han partido de nuestro país hacia zonas de conflicto es sensiblemente menor que el número de aquellos que lo han hecho desde otros países de la Unión Europea como Francio, Bélgica o el Reino Unido. Desde España han viajado según las fuentes oficiales unas 70 personas a las zonas de conflicto. Y de ellos desde Ceuta y Melilla o su área de influencia unas 10 personas. El resto procedía de otras comunidades musulmanas de las muchas presentes en el resto de España con particular incidencia en Madrid o Barcelona. Es una cuestión de números y porcentajes. Y tampoco equivoquemos el análisis. Es un error centrar y asociar el problema con las muy especiales circunstancias de la Barriada del Príncipe (que sin duda existen) y precisamente por eso considero particularmente desacertado el tratamiento dado a Ceuta y a esa Barriada por el documental emitido el martes. Debemos confiar por otra parte en que las políticas que se están desarrollando desde el Ministerio del Interior están teniendo su fruto en términos de seguridad para nuestra Ciudad. Sin duda la lucha contra el terror yihadista no es tarea de un solo Estado sino que debe ser un trabajo conjunto de toda la Comunidad Internacional (con especial participación de los países musulmanes) para poder compartir recursos e inteligencia. Y eso se está trabajando en todos los niveles posibles, potenciando los servicios de inteligencia y sus actuaciones, colaborando activamente con Marruecos, cooperando con otros países con los que compartimos el problema y actualizando la legislación (Código Penal y Ley de Enjuiciamiento Criminal) para incorporar estas nuevas tipologías delictivas y posibilitar por tanto la actuación de la justicia. Nos están protegiendo, y debemos confiar en ello.
El reconocimiento del problema debe llevarnos a todos a admitir que esta situación no es exclusiva de nuestra ciudad ni de nuestra Nación, pero que en nuestra Ciudad tiene y obtiene una gran repercusión mediática. Necesitamos por ello y con urgencia recuperar la imagen y el atractivo de Ceuta como un lugar en el mundo abierto, plural y tolerante. Necesitamos una verdadera campaña para poner en valor esa otra Ceuta, la verdadera Ceuta. Debemos entender que la comunicación de esa imagen real y no sesgada es un instrumento de gestión esencial al servicio del futuro, del inmediato futuro de nuestra Ciudad. Una adecuada estrategia de comunicación (y eso conlleva inevitablemente su profesionalización y por tanto emplear recursos económicos en ella) debería tener el objetivo de trasladar una imagen atractiva (diferenciándola de otros aspectos) que haga que nuestra realidad encuentre también un espacio dentro de los medios de comunicación y, a través de ellos, en nuestros compatriotas y en el mundo en general.
Animo por ello al presidente Juan Vivas, luchador infatigable por la difusión de la imagen real y verdadera de Ceuta, a que hagamos entre todos los responsables políticos y sociales de la Ciudad una reflexión en torno a la necesidad, de una vez por todas, de cambiar la realidad de las cosas, y de disponer de instrumentos de comunicación que trabajen para conseguir ese objetivo fundamental. Hay herramientas válidas y partidas presupuestarias dedicadas a la comunicación que convenientemente reenfocadas podrían ponerse a disposición de esa tarea. Llevamos décadas lamentándonos de hechos como los que ahora comentamos. Creo que hasta ahora no han funcionado las vías que hemos explorado o que hemos utilizado.
No es posible, sería insensato, aplazar más el momento de tomar decisiones a este respecto.





