La portada de este periódico el pasado viernes reflejaba el desencanto de un policía nacional con la justicia: “Si por cortarte el cuello le piden 7 años y medio, ¿qué vale una vida?”. Es el sentir del que ha sufrido la agresión y, por lo tanto, puede ser una visión egoísta, sesgada o tremendista de lo sucedido. Esa es la razón por la que pretendo con la ventaja de no conocer al policía, ni a su pareja, ni al presunto agresor,
dar mi opinión y valorar sin acaloramientos, si el daño causado es proporcional a la calificación inicial elaborada por el Ministerio Fiscal.
Hasta la madrugada del 15 de septiembre de 2012, Juan Ferrer era un policía y un ciudadano corriente, que tras terminar la jornada laboral se marchaba a su domicilio para reunirse con su familia. Podía pasear, programar sus vacaciones, no tenía ninguna limitación y vivía en Ceuta cómodamente. Era un hombre feliz con su pareja. Hacía una vida normal.
Aquel fatal día se cruzó en sus vidas un hombre violento que iba a robar en un bar y optó por apuñalarlo repetidas veces, pudiendo elegir otra opción como la de huir. Casi pierde la vida. Como consecuencia de esta brutal agresión ha sufrido cinco operaciones en su mano izquierda para recuperar cierta movilidad, porque una de las puñaladas le reventó los tendones. Ahora no puede sostener un vaso, ni abrocharse la camisa y depende de su señora para realizar cosas tan elementales. Una de las puñaladas que le alcanzó la yugular, le dejó una cicatriz en el cuello que esconde más de 90 puntos internos y otros 80 externos que le causan dolores de mucha intensidad. Podría seguir relatando otras secuelas de las muchas puñaladas que recibió, pero creo que es suficiente, porque los lectores tienen una idea de lo que ha sufrido y sufre él y su esposa.
En la actualidad tiene el 57% de invalidez y la pareja sufre trastornos psicológicos. En resumen, un hombre violento ha destrozado una familia demostrando un total desprecio a la vida. La víctima ha pasado de ser un profesional de la Policía en activo a tener que jubilarse por pérdida de condiciones psicofísicas, además es una persona dependiente y por miedo han tenido que marcharse de Ceuta. Dicen que lo primero es la salud, pero también quiero puntualizar que su situación económica empeoró sustancialmente al pasar del servicio activo a la situación de baja y, una vez que pase a la situación de retirado, volverá a perder poder adquisitivo.
Todo el daño causado, las operaciones sufridas, los días hospitalizados, la pérdida de poder adquisitivo, tener que abandonar el Cuerpo Nacional de Policía, la ciudad donde residían, el sufrimiento psicológico de la pareja, correr los gastos de estar hospitalizado que, aunque la Seguridad Social cubre los elementales, existen otros que no están cubiertos. Todo este daño, lo valora el Ministerio Fiscal en 7 años y medio de cárcel por un homicidio en grado de tentativa y 38.000 euros de multa al agresor.
A nadie se le escapa que con esa condena este ciudadano suizo de origen marroquí estará en prisión unos cuatro años y no pagará un euro a Juan Ferrer. Finalizada esta ridícula condena –desde mi punto de vista- este delincuente violento podrá elegir libremente donde le plazca hacer su vida sin ninguna limitación; mientras tanto, Juan Ferrer vivirá con esas limitaciones que le harán recordar día a día que su vida cambió drásticamente, porque un violento decidió atacarle como un animal a un inocente.
Una condena justa es lo que pide Juan Ferrer, una condena justa es lo que vengo a pedir desde esta página del Faro. Una condena dura y justa para los que emplean la violencia sin importarles el daño y el sufrimiento que causarán. Una condena justa para que los violentos tomen nota y sepan con toda certeza que por agredir brutalmente a una persona tendrán que pagar a la sociedad con unas penas duras y proporcionales al daño causado.
Para terminar una frase de Sócrates: “Cuatro características corresponden al juez: Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”. Esto es lo que esperamos de los jueces y, sin lugar a dudas, ellos impartirán justicia.






