Son las mismas protestas. Se repiten, pero se siguen haciendo público. Quizá porque callarlas es una forma de olvidarlas. Y eso es, precisamente, lo que los afectados no quieren. Sucede en la frontera de Ceuta y los más castigados son los motoristas.
Hacen ruido con sus denuncias, quieren, al menos, que se sigan leyendo, aspirando, quizá, a que algo empiece a cambiar en un paso que se denomina inteligente, pero en el que se adoptan decisiones incongruentes que se traducen en agotadoras esperas sin sentido.
En la noche de este domingo, varios motoristas quedaron bloqueados para entrar desde Marruecos en Ceuta.
Explicaban a este periódico que llevaban aproximadamente una hora esperando ante un puesto de registro del vehículo (motos) en el que no había nadie. Estaban varios aduaneros sentados con el teléfono móvil en su mano sin hacer nada.
“Entiendo que este carril de motos no les corresponde”, indicaba uno de los afectados, “pero no es normal este tipo de servicio”.
“Estamos 15 motos o más paradas esperando a que alguien se digne a registrar y dejarnos pasar. Mientras tanto, no tenemos a quién quejarnos, el trato hacia los ceutíes es inhumano, no comprendemos esta situación”.
La situación es complicada a ambos lados de la frontera. Quienes salen de Ceuta a Marruecos no pueden llevar ningún producto procedente de nuestra ciudad, a no ser que se arriesguen a que sea intervenido. Solo se permite con productos de la Península.
A la entrada en nuestra ciudad desde el vecino país, se ven atrapados en auténticos bloqueos sobre los que no encuentran justificación alguna.
Los motoristas que cruzan habitualmente la frontera exponen que ese mal trato se da día tras día.
“Esto ha pasado hoy con las motos, pero también es común que en los coches te dejen esperando hasta que les dé por levantarse de la silla a registrarte, pegarle golpes al parachoques y a las ruedas con el destornillador”, aplicando la política del “todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario”.
“Los ceutíes que cruzamos por ocio o motivos familiares estamos desesperados con esta situación”, explican.
Las quejas no son nuevas. Meses atrás, varios motoristas denunciaron sufrir un trato denigrante en la frontera, argumentando que no les querían sellar los pasaportes.
Esa actitud se traduce en pérdida de nervios y tiempos de espera impropios de una frontera que aspira a ser inteligente y que supone la vía terrestre de comunicación entre Ceuta y Marruecos, así como extremo sur de Europa.
Exponían que debían soportar esperas de más de una hora para cumplir con un trámite básico.
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