Moro” es el título de la última novela del escritor y periodista sevillano Daniel Ruiz García. Acaba de publicarse, pero fue escrita hace ya casi una década, cuando el blindaje securitario del litoral español aún era un proyecto inacabado. Cuando las pateras cruzaban el estrecho con periodicidad frenética y las olas escupían más cadáveres que nunca en las playas gaditanas. Era también el tiempo en el que la economía española burbujeaba e invitaba a la mano de obra local a abandonar los empleos más duros y peor pagados. La época en la que los trabajadores foráneos preponderaban en andamios e invernaderos. Esos años en los que disturbios incendiarios en ciudades como Elche, Terrassa o El Ejido enfrentaron a la sociedad española con su racismo interior bruto.
El libro fue escrito, en resumen, en los años en los que España, con un palillo entre los dientes, miraba al sur como antaño la habían mirado desde el norte. En esos años en los que el trayecto entre emigración e inmigración, entre vieja miseria y nueva riqueza, se antojaba corto, factible, como un paseo al alcance de todos.
Ruiz García relata en su novela el periplo de Hassam, un joven marroquí, mudo, que, a bordo de una zódiac, emprende la travesía clandestina del estrecho. Muerte, vómitos y quemaduras provocadas por el tetraetilo de plomo le acompañan en su tránsito desde la costa tangerina hasta la costa tarifeña. Ya con los pies en Europa, Hassam corre. Huye de la Guardia Civil y de la repatriación automática. No tarda en encontrar trabajo. Lo halla en esa encrucijada de pseudo-esclavismo y opulencia, de ascenso social y explotación laboral, sobre la que, en gran medida, se ha cimentado el suflé económico español de la última década.
El libro ofrece una curada y palpitante radiografía de estas coordenadas.
Huelga decir que los ejes sobre los que discurre la acción de “Moro” quedan hoy en parte desdibujados por los cambios que experimenta la coyuntura económica de España. La llegada de población extranjera ha disminuido y la salida de población autóctona (e inmigrante) hacia el exterior ha aumentado. España es ahora un destino menos atractivo para determinados flujos inmigratorios. Y, en paralelo, con las cifras del paro al alza, quedarse en casa constituye para un número creciente de españoles una opción mucho menos seductora que probar suerte en el extranjero.
Leídos hoy, mientras retumba el estallido de la burbuja económica en España, algunos de los episodios relatados en la novela de Ruiz García parecen recortes del pasado reciente. Otros, sin embargo, retratan fragmentos crudos del presente. Conforman un relato desapacible y a la par magnético de lo que no en pocas ocasiones ocurre –sigue ocurriendo- tras el cruce irregular de la frontera.





