Ceuta esconde una gran historia, y aunque el paso del tiempo es compañero del olvido, esta siempre encuentra la manera de salir a flote, y nunca mejor dicho, pues este 18 de abril se cumplen 334 años del hundimiento del barco francés L´ Assuré en aguas de la ciudad.
Un aniversario que Juan Bravo, interesado en su historia, y José María Díaz, maquetista, han conmemorado con una réplica exacta de este buque de guerra.
No es solo una pieza completamente artesanal. Es, en palabras de su impulsor, “un capítulo de la historia de Ceuta que no puede quedar en el olvido”.
Un naufragio que pudo cambiar la historia
Para entender la importancia de L´Assuré, hay que remontarse a 1692. Europa vivía una tensión geopolítica comparable, según Bravo, “a la de las grandes potencias actuales”.
El rey francés Luis IVX pretendía intervenir en Inglaterra para colocar en el trono a Jacobo II, frente al protestante Guillermo III de Orange, apoyado por ingleses y holandeses.
Dos grandes flotas
El plan francés pretendía unir dos grandes flotas: la del Mediterráneo y la del Atlántico. Pero el destino tenía otros planes a su paso por Ceuta.
En marzo de ese año, 16 barcos partieron del Mediterráneo rumbo al Estrecho de Gibraltar. El 18 de abril, un violento temporal sorprendió a la flota frente a Ceuta.
Dos navíos, L´Assuré y Le Sage, se hundieron cerca de los “isleros de Santa Catalina y del Sauciño”.
480 prisioneros
El impacto fue brutal en la ciudad. A bordo viajaban 797 personas. De ellas, 318 murieron ahogadas y unas 480 fueron hechas prisioneras.
Para una ciudad de apenas 3.500 habitantes entonces, aquello supuso un golpe inevitable en su rutina y un suceso que quedaría guardado en su historia.
“Imagínate el impacto”, relata Bravo, “de pronto tienes casi 500 prisioneros que hay que repartir por la ciudad”. Es preciso recordar llegado a este punto que, en ese momento, España estaba en pleno conflicto con Francia.
Consecuencias graves
Las consecuencias de este hundimiento fueron más allá de su catástrofe. La pérdida de estos barcos impidió que la flota mediterránea se uniera a la atlántica, lo que pudo influir en el desarrollo de la batalla naval de La Hogue y en el rumbo de la historia.
“No sabemos qué habría pasado porque en esos barcos iban más de 1000 cañones”, dice Bravo refiriéndose a toda la flota.
Ceuta, un giro en la historia
El naufragio convirtió a Ceuta en un punto marcado en la historia de manera sorpresiva, aunque olvidado en el tiempo en este conflicto internacional.
Durante años esta historia ha quedado sumergida, literalmente, bajo el mar y el paso del tiempo.
Qué pasó con los fallecidos
Uno de los grandes enigmas sigue siendo el destino de los fallecidos, jamás se supo que fue de ellos.
“Hemos investigado si fueron quemados o se enterraron en alguna fosa común pero no sabemos que pasó con ellos”, lamenta Bravo.
60 cañones recuperados del mar
Dos años después del hundimiento, el entonces gobernador, el Marqués de Valparaíso, ordenó recuperar los cañones de los barcos para reforzar la defensa de la ciudad ante la amenaza del sultán marroquí Moulay Ismail.
Se extrajeron más de 60 cañones del fondo marino mediante buzos, un esfuerzo notable para la época. Y, sin embargo, la historia volvió a desvanecerse en el tiempo.
Un hallazgo fantástico
Hubo que esperar hasta 1962 para que el pasado emergiera de nuevo. Dos submarinistas ceutíes, Ernesto Valero Narváez y Agustín Pizones Cortés, encontraron cañones perdidos en el fondo marino mientras practicaban pesca submarina.
Estos creyeron haber descubierto un tesoro. Un barco chatarrero se hizo con dos cañones de bronce y los trasladó a Tánger. Desde allí, terminaron en el Museo de la Marina de Francia, en París.
El propio Juan Bravo, años más tarde, los reconoció durante un viaje a la ciudad francesa: “Los vi en la puerta del museo y le dije a mi esposa: estos son los cañones de Ceuta”. Tras hablar con la dirección del museo, confirmó su origen.
Una historia familiar del mar
La implicación de Bravo con esta historia no es casual. Su padre, Juan Bravo Pérez, fue uno de los pioneros de la arqueología submarina en Ceuta. Lo que comenzó como pesca submarina derivó en descubrimientos arqueológicos que despertaron el interés por el pasado sumergido de la ciudad.
En la década de 1970, su padre emprendió un proyecto para rescatar restos del barco hundido L´Assuré. Con medios modestos, una balsa, un pequeño barco y mucho esfuerzo, lograron extraer 11 cañones y un ancla de gran tamaño.
Un cañón de bronce
Entre esos hallazgos destaca uno especialmente significativo: un cañón de bronce de más de dos toneladas. “Nos lo encontramos casi por casualidad”, recuerda Bravo. “Pesaba 2.097 kilos”. Hoy se conserva en el Museo de las Murallas Reales.
A partir de entonces, la investigación no cesó.
La maqueta: reconstruir lo invisible
Con todo ese conocimiento acumulado surgió una idea: materializar la historia en una maqueta que permitiera visualizar el barco.
“Sería muy bonito tener una representación de cómo era uno de los navíos”, explica Bravo. Pero no fue fácil. Intentó impulsar un museo con estos restos y la maqueta como pieza central, sin éxito. Aun así, no abandonó el proyecto.
Se encendió la luz
El punto de inflexión llegó al descubrir el trabajo del modelista naval José María Díaz mediante un reportaje de este medio. Tras contactar con él, le planteó un reto complejo: reconstruir un barco del siglo XVII sin planos originales.
“¿Sería capaz de hacerlo con los datos que yo le proporciono?”, le preguntó. La respuesta fue afirmativa.
El arte de construir un barco sin planos
Para José María Díaz, el encargo fue tan fascinante como desafiante. “Tenía muy poca información del navío”, reconoce el modelista naval. A partir de ahí, comenzó un proceso casi de detective e investigador.
La construcción naval del siglo XVII no seguía planos detallados, sino la experiencia de los maestros carpinteros. Eso obligó a Díaz a reconstruir el barco a partir de indicios: medidas aproximadas, restos encontrados, estudios de navíos similares.
“Es como con los dinosaurios”, explica gráficamente. “Empiezas por un diente y terminas por la cola”.
Estudio de los cañones
Uno de los elementos clave fue el estudio de los cañones. Midiendo uno de los recuperados, de unos tres metros de longitud, pudo calcular proporciones y distribución. El L’Assuré portaba hasta 64 cañones, lo que condicionaba toda la estructura del barco.
A partir de las troneras, las aberturas para los cañones, estableció distancias, alturas y volúmenes. “Necesitaba una obra viva lo suficientemente potente para aguantar todo ese peso”, detalla.
Un trabajo minucioso
El resultado es una maqueta de 1,44 metros de eslora, 60 centímetros de altura y unos 10 kilos de peso. Pero más allá de las cifras, destaca el nivel de detalle.
El barco está construido con madera noble, uniendo pieza a pieza como un navío real. “Tiene más de 3.000 o 4.000 clavos, aunque no se vean”, señala Díaz.
El velamen
El velamen, inexistente en los restos, fue recreado a partir de proporciones y comparaciones con barcos de la época. Las velas fueron cosidas con ayuda de su hermana, al igual que las banderas, basadas en referencias históricas como el barco Soleil Royal.
También se cuidó la estética militar: al tratarse de un navío de tercer rango, no presenta grandes decoraciones. “Era un barco de combate, de primera línea”, explica. “De ahí su color negro, alejado del azul reservado a buques de almirantes”.
Memoria recuperada
Tras casi dos años de trabajo, la maqueta no solo representa un barco. Sirve para comprender una historia olvidada, un puente entre el pasado y el presente de Ceuta.
Para Bravo, el objetivo sigue siendo claro: dar a conocer este episodio a la ciudadanía. “Esto no puede quedar en el olvido”, insiste.
Historia de Ceuta
También ha compartido sus esperanzas enfocadas en que el día de mañana pueda existir un museo que guarde esta maqueta y toda la historia que este episodio deja en Ceuta.
L´Assuré se hundió, pero su historia sigue vive a través de la insistencia de la familia Bravo y, ahora, gracias al arte indiscutible del modelista naval José María Díaz.





