Físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés, Isaac Newton es considerado como uno de los científicos más grandes de la historia, siendo su obra la culminación de la revolución científica.
A medio camino entre la leyenda y la realidad, en su huerto de Woolsthorpe Manor (hoy, casa museo de Isaac Newton) en el condado de Lincolnshire, noreste de Inglaterra, la vista de la caída de una manzana hace que el científico británico reflexione y conciba la Ley de la Gravedad Universal.
Con manzana o no, Newton desarrolló la idea de que los objetos caen hacia abajo debido a la gravedad, una fuerza invisible de atracción ejercida, en nuestro caso, por la Tierra, que tira de toda la materia hacia su centro superando la resistencia del aire. Obviamente, por su nombre se define que esa Ley de la Gravedad se verifica en el universo.
Y así para todo.
Porque debe ser gracias a Newton que siempre terminamos encontrando al culpable de todo en el escalón inferior. Al parecer, el tiro por elevación sólo se emplea en política para que, al menor descuido, se dispare a la cabeza del partido que mande en un puro empleo del “quítate tú que me pongo yo”.
Si pagamos demasiados impuestos es porque hay demasiados jubilados que quieren que les paguemos los muchos años de vida que les quedan sin trabajar.
Si no hay dinero para carreteras es porque si los migrantes cobran paguitas, (argumento hiper falso, por cierto) nada queda para colmatar agujeros.
Más ejemplos...
Si la sanidad es lamentable es porque se atiende a muchas que no cotizan.
Si la educación pública se encuentra a la deriva, es porque se atienden demasiados niños extranjeros y, accesoriamente, porque los docentes cobran demasiado, además de tener muchas vacaciones.
Si faltan medios para la investigación es porque todo se destina a financiar a ONG’s que sólo se dedican a rescatar del agua a migrantes para que luego vivan del cuento.
Si el gasto en Seguridad Social es elevado es porque los pensionistas gastan demasiado en medicamentos, que ya les vale con tantas ventajas.
Es un suma y sigue.
Esta nueva “Ley de la gravedad social” es tan perversa como peligrosa y extremadamente elaborada, porque las orejeras nos empujan siempre a buscar el enemigo en quienes menos tienen, más vulnerable son y menos se pueden defender.
Con este panorama de canibalismo de plantas inferiores, los que viven en la cúspide del edificio (me refiero a los de arriba de verdad) duermen tranquilos comprobando como el vulgo se destroza entre sí mientras ellos siguen yendo a lo suyo. Plan perfecto. Y si duda de lo expuesto, compruebe como se denigra al migrante que, a su vez, denigra al que no tiene papeles que, a su vez, insulta a los que vienen de otros países.
El adiestramiento al que estamos sometidos tiene como objetivo y consecuencia que veamos en alguien más pobre que nosotros, al culpable de todas nuestras penurias. Dicho de otra forma, nos han hecho creer que necesitamos de un nivel inferior para sentirnos superiores.
Como nunca osamos apartarnos del catecismo del poder que nos tienen inculcado, jamás de los jamases se nos ocurre plantearnos que el problema se encuentra en quienes más tienen, única forma de que la “Ley de la gravedad social” se verifique punto por punto.
¿Trataríase de una demagogia barata? Veamos…
Según datos del National Bureau of Economic Research (NBER), organización de investigación económica asentada en Boston (Estados Unidos), en España el fraude fiscal se cifra en más cuarenta mil millones de euros al año. Pero no es todo.
Al margen de los beneficios fiscales legales que la legislación les otorga, se estima que las grandes empresas desvían unos veinte mil millones de euros al año hacia paraísos fiscales. Veinte mil millones que deben ser muchos más, claro.
Dicho esto, y permítaseme la ácida ironía, se albergan muchas dudas de que jubilados, migrantes o quienes cobran el desempleo, logren ahorrar lo suficiente para mandar algún dinerito hacia esos sacros santos territorios de los fondos sucios y sedes del filibusterismo económico.
Pero claro, si no alcanzamos ni a paramos a reflexionar la cuarta parte del tiempo de lo que dura cualquier programa basura de televisión, nunca podremos caer en la cuenta de quienes son los verdaderos estafadores en esta historia llamada sistema.
Al respecto de fraudes, se me ocurren unas preguntas “inocentes”:
¿Y si los políticos, que se dedican a denigrar lo más vulnerables con ahínco, procurasen armar todo este ruido para que no les preguntemos como disponen de tanto dinero?
¿Por qué siempre cargan contra los que no se pueden defender y nunca admiten preguntan respecto al dinero turbio que manejan, y por el que algunos han sido condenados?
¿Por qué nunca aclaran quienes les financia?
¿Por qué no dejan a las claras para qué grandes corporaciones hacen políticas de lobbing y defienden sus intereses?
¿A ver si al final el peligro no son, o somos, los que viajamos en patera (todos los que no somos “ellos” viajamos en algún tipo de patera), sino los que se desplazan en limusina, como rezan algunas pintadas?
Parece que no aprendemos…
Mi mañica preferida, al respecto, siempre aludía a la obra de poesía narrativa,“El gaucho Martín Fierro”, del poeta, político, periodista y militar argentino José Hernández (1834-1886). De ese trabajo, escrito en verso por el destacado francmasón, ella resaltaba este pasaje:
“Los hermanos sean unidos,
Porque esa es la ley primera
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea
Porque si entre ellos se pelean
Los devoran los de afuera".
Es tan evidente que muy poco más se puede añadir.
Una vez más, la reflexión es suya.






