Unos 150 alumnos de secundaria asistieron ayer a la última jornada de la Semana Blanca, en la que fueron protagonistas las piezas halladas en el Abrigo de Benzú
Recorriendo las vitrinas de las piezas de sílex, instrumentos con los que el remoto habitante de Ceuta cortaba los filetes de uro y se daba ocasionales festines, Annas se pregunta si esas piedras afiladas mantendrán aún la capacidad de cortar. Es la primera sala del museo de la Basílica Tardorromana, donde la exposición ‘Benzú y los orígenes de Ceuta’ recibió ayer la visita de más de 150 alumnos de los centros ceutíes que participaron de la última jornada de la Semana Blanca. Entre ellos, Annas, un menor no acompañado del centro La Esperanza que valora la habilidad técnica de los seres humanos de hace 300.000 años, los pobladores de Benzú. Annas queda atrás, rezagado, mirando cada corte con detalle. Un monitor le llama la atención y el responde que no, que ya ha visto la exposición durante el primer turno.
Recreaciones en maquetas, réplicas de los restos hallados, mapas de Benzú en una virtualidad de hace más de 300.000 años, todos los recursos divulgativos en aras de mostrar que se trata, probablemente, del único yacimiento neardental encontrado fuera de Europa. “A diferencia del Homos Sapiens, estos eran hombres más adaptados para el frío de los periodos de glaciaciones: tenían más vello, eran más fuertes...”, enumeraba a los alumnos Gabriel García Ahumada, técnico de la Guía Educativa Ceuta te Enseña, y uno de los puntales de las tres jornadas de la Semana Blanca.
En el yacimiento de Benzú, explicaba Fernández, se diferencian los periodos Paleolítico y Neolítico –situados en el Abrigo y en la Cueva respectivamente–. Abiertos como platos, los ojos de los estudiantes atendían las explicaciones del guía, que se hace trepidante a la hora de diseccionar los materiales de la industria lítica encontrado en las excavaciones. “¿Alguien sabe lo que es un coprolito?” Fueron las técnicas científicas para conocer la vegetación, clima y fauna de aquel periodo de la historia. A Annas le fascina imaginar las islas del Estrecho que, durante la glaciación, propició que atravesarlo fuera hacedero incluso para aquellas tribus prehistóricas. El fuego era entonces el último grito entre los descubrimientos. Como ahora internet.
El estudio de la sal en las relaciones en el Estrecho
Los resultados de las investigaciones en el Abrigo de Benzú atrajo de inmediato la atención de un grupo de arqueólogos de la Universidad de Cádiz. No era para menos. La hipótesis de una posible relación entre las poblaciones de las dos orillas se materializó una vez llegados a Benzú y comprobar los vínculos en forma de objetos y útiles. Un material que compartió el ser humano del Estrecho fue la sal, el único elemento para conservar los alimentos en tiempos sin electricidad. “El problema radica en la complejidad de documentar las explotaciones de sal, pues es un elemento que no perdura después de los miles de años pasados”, explicó a este periódico Eduardo Vijande, arqueólogo de la Universidad de Cádiz. De la importancia de la sal se deduce el origen del nombre de ‘salario’. O de la atención que comienzan a prestarle los investigadores. “En los últimos años, está habiendo investigaciones centradas en la explotación salina en las zonas litorales. Es un tema de gran interés al trabajar en una zona de tanta tradición salinera como el Estrecho de Gibraltar”.
El taller de clausura contó con la consejera
La consejera de Educación, Cultura y Mujer, Mabel Deu, acudió ayer a la clausura de la Semana Blanca, jornada que consistió en una visita guiada a la Basílica Romana. La consejera fue preguntada sobre las novedades de los estudios de la excavación a corto y medio plazo. La consejera aseguró el “pronto comienzo de una nueva etapa de excavaciones” y destacó la trascendencia de las conclusiones llegadas tras la realización de las excavaciones durante la última década.






