En el mundo de los automóviles de lujo y altas prestaciones, hay vehículos que no solo destacan por su potencia o su precio, sino por su exclusividad. Este es el caso del Laraki Sahara, un hiperdeportivo del que solo existen dos ejemplares en todo el planeta. Lo más sorprendente: ambos pertenecen a una sola persona, el rey de Marruecos, Mohamed VI.
Este coche tan singular ha sido desarrollado por Laraki Automobiles, una firma marroquí con aspiraciones internacionales que ha apostado por un diseño rompedor y una mecánica de primer nivel. Aunque Marruecos no es un país tradicionalmente asociado a la industria de los superdeportivos, el Sahara ha roto esquemas al demostrar que también desde el norte de África se pueden fabricar máquinas de este calibre.
Bajo su capó late un motor V8 procedente de Chevrolet, el mismo que impulsa al famoso Corvette. Eso sí, ha sido ampliamente modificado para rendir hasta 1.550 caballos de potencia, lo que le permite acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 3,5 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 310 km/h. Números propios de una bestia de circuito, aunque todo apunta a que nunca saldrá del garaje real.

Una joya del diseño, dentro y fuera
A simple vista, el Laraki Sahara impone con su diseño afilado, su carrocería aerodinámica y sus formas agresivas. En la parte frontal destacan unas entradas de aire de gran tamaño y un spoiler prominente, mientras que la parte trasera se ensancha considerablemente, dando forma a un vehículo visualmente poderoso y claramente enfocado al rendimiento.
El techo, extremadamente bajo, reduce la altura del vehículo y contribuye a una apariencia aún más radical. Las ventanas laterales, pequeñas, refuerzan esa sensación de estar ante un automóvil casi de ciencia ficción. No se trata solo de un coche rápido: es también una pieza de diseño.
En el interior, la firma ha apostado por una combinación de lujo y deportividad. Materiales nobles como el cuero de alta gama recubren los asientos deportivos, y el salpicadero incluye una pantalla central y un volante de corte racing. Cada detalle está cuidado al milímetro para ofrecer una experiencia a la altura de su exclusividad.
Una producción limitada y un propietario único
Lo más asombroso de este supercoche no es su motor ni su diseño, sino su ultraexclusiva producción. Laraki solo construyó dos unidades del Sahara, lo que lo convierte en uno de los vehículos más exclusivos jamás fabricados. ¿Y quién los posee? Ambos están en manos del rey Mohamed VI.
Este gesto no solo responde al gusto del monarca por los coches de lujo —ya es conocida su afición por los automóviles—, sino que también representa un símbolo del orgullo nacional por la industria automotriz marroquí. El Sahara se convierte así en un emblema del potencial del país para producir vehículos de altísima gama.
La historia de Laraki no comienza con este modelo. La marca, fundada en 1999 por el empresario Abdesslam Laraki, empezó diseñando yates antes de aventurarse en el mundo de los superdeportivos. Desde entonces, ha desarrollado otros modelos como el Fulgura, el Borac o el Epitome, todos caracterizados por su ambición, potencia y diseño atrevido.

Una firma marroquí con visión internacional
En sus primeras creaciones, Laraki utilizó chasis y motores de otras marcas, como Lamborghini o Mercedes-Benz, pero con el Sahara se apostó por un diseño más original. Aunque el propulsor sigue siendo importado, la ingeniería y fabricación se realizaron íntegramente en Marruecos, lo que refuerza su carácter nacional.
El Laraki Sahara, con sus dos millones de euros de valor estimado, no está pensado para circular por las calles. Su papel parece más simbólico: es una pieza de colección, una obra de arte en forma de vehículo que probablemente solo veamos en exposiciones o reportajes exclusivos.
Mientras otras marcas luchan por posicionarse en mercados masivos, Laraki ha optado por un camino distinto: la ultraexclusividad, la artesanía y el diseño sin concesiones. Y con el Sahara ha alcanzado su mayor logro hasta la fecha. Un coche irrepetible, guardado bajo la máxima protección en el garaje real.







Feo decoj0nes