Con apenas tres meses, un cáncer comenzó a devorar el ojo izquierdo de este pequeño ceutí que ahora, con 16, lucha junto a sus padres por conseguir conservar el derecho también afectado. Piden ayuda Cuando Susana se quedó embarazada, Nabil estaba tan feliz como ella. “Era un niño muy deseado”, explica el padre mientras vigila que el pequeño no se tropiece para evitar que se haga daño. Le llamaron Eliú, que significa ‘Mi Dios es Dios’ y desde que llegó a sus vidas, se ha convertido para ellos en algo parecido. Saben que no van a tener más. Hay un 50% de probabilidades de que tenga la enfermedad que su hermano mayor. A Eliú, un retinoblastoma le ha dejado ciego de un ojo. El otro, sabrán muy pronto si puede conservarlo. Gatea inquieto y agarra a su madre pidiéndole comida. Ella le da el pecho mientras lo acaricia y recuerda cuando le tapó un ojo y el pequeño comenzó a angustiarse. “Yo sentí que le pasaba algo raro y ya con tres meses comprobé que no veía por un ojo”.
Ahí comenzó el baile de médicos. La pediatra dijo que no era grave y que esperara a la revisión de seis meses, pero intranquilos, decidieron llevarle a una clínica privada que confirmó sus sospechas. “Tenía un cáncer dentro de la bola del ojo y nos recomendaron ir a Sevilla o a Barcelona,...en ese momento como si tienes que ir a Estados Unidos, la verdad”, recuerda la madre mientras el padre asiente y los dos alaban el trabajo de los profesionales del Hospital Virgen de la Macarena de la capital andaluza. Comenzó la quimioterapia. “Allí no se andan con rodeos. Nos dijeron que era grave, que se podía morir”. Inmediatamente comenzaron las sesiones de quimioterapia. Tras seis sesiones, el tumor , que ya se había desarrollado también en el ojo derecho, no reaccionaba. Le pusieron braquioterapia, otra técnica que tampoco hizo reaccionar al ojo izquierdo.”En junio tuvieron que nuclear su ojo”. Ahora utiliza una prótesis de cristal “pero juega con ella y muchas veces se la quitamos”, explican. Hablan con normalidad porque es lo que hay que hacer. “Muchos nos dicen que estamos muy enteros. ¿Qué haces? ¿Cierras las persianas y te metes en la cama?”. Aseguran que nunca han llorado con él en sus brazos, que todo lo que le trasmiten es amor y alegría y que saben “que él es feliz, no hay más que mirarle, y que psicológicamente los niños son fuertes. Ahora requiere de esfuerzo físico para luchar contra el cáncer y en eso estamos”.
Pero el camino no es fácil. “Mejor no pensarlo, porque no encuentras respuestas y pierdes el tiempo. Hay que seguir luchando y punto”, dice Susana que hasta hace apenas unos días estaba tranquila porque el tumor del ojo derecho estaba controlado. “El dos de septiembre me dí cuenta de que no veía por él. Le dejé en casa de mi suegra y cuando llegué y le llamé no me miró, agachó la cabeza y me buscaba con el oído”. Al darle de comer si acercaba la cuchara, él no habría la boca y tenía que avisarle de que llegaba el alimento tocándole los labios. “Entonces fuimos a Urgencias por el privado, nos dijeron que era un desprendimiento de retina y que lo lleváramos cuanto antes a Sevilla”. Allí les dijeron que el ojo derecho de Eliú estaba lleno de sangre, que había que esperar un poco a que se disolviera para saber bien qué era lo que tenía, pero que fuera lo que fuese no se le podría dar más quimio a no ser que fuera local porque su cuerpo quizá no lo resistiría.
Y en este punto del camino se encuentran. “Si nos preguntas hace unos días, te diríamos que estábamos casi en la meta, pero ahora ha pasado ésto y tememos que al final pierda sus dos ojitos”, explican unos padres que sueñan con un futuro lleno de sonrisas estando los tres juntos.
Su vida es cuidarle y hacer todo lo posible porque siga sonriendo. “En estos 16 meses, te podemos decir que hemos salido a disfrutar el pasado sábado en la boda de mi prima”, dice Susana. “Pero no importa”. Explican que verle jugar y feliz, no tiene precio. Y mientras, dan gracias a los médicos, a las abuelas de los niños, a sus familias y a todas esas personas que les están ayudando.






