Catorce años después de que le cayera sopa hirviendo, una niña, entonces bebé, fue ayer operada por esta causa mientras su juicio quedaba suspendido Imagínenla recién nacida, tal vez con llanto, quizá dormida, hermosa, cubierta con ese nimbo dorado y celestial que parecen proteger a los ángeles, a los bebés, recibiendo el aliento de su mamá. Era el año 2000, Ceuta. Sus primeros días corrían plácidos bajo el calor del hogar y el amparo de la familia. Pero una noche, ya casi asomando la madrugada, una sopa hirviendo cayó directamente sobre su piel suave y fina, provocándole heridas que a punto estuvieron de cerrar su corta existencia y sin piedad.
Ayer, catorce años después, la sala de lo Penal número Uno de nuestra ciudad iba a acoger el juicio de este caso, donde un médico se sienta en el banquillo de los acusados en base a una presunta comisión de un delito de imprudencia profesional en su tipo de lesiones, pero la vista quedó suspendida porque la niña volvía a pasar por quirófano a causa de aquellas heridas que dejaron unas secuelas imborrables en su cuerpo.
De tal manera, habrá que esperar hasta primavera para conocer qué derroteros judiciales va tomando el caso, si bien los escritos de todas las partes implicadas están ya elaborados. Así, el Ministerio Fiscal solicita la absolución para el facultativo al entender que obró con buena praxis profesional y que en momento alguno provocó que las heridas del bebé se agravaran por una presunta tardanza en su actuación, como estima por su parte la Acusación Particular, una vez que la niña ingresara en la unidad de Urgencias del antiguo Hospital de nuestra ciudad, edificio propiedad de Cruz Roja.
No obstante, el Ministerio Fiscal, basándose en todos los informes realizados a lo largo de estos años, concluye que si bien pudo existir cierta lentitud, circunstancia que no queda ni acreditada ni desmentida, sí resulta meridianamente claro que las secuelas que quedaron en el cuerpo de la niña fueron producto y consecuencia del derrame de la sopa hirviendo, nunca por una mala actuación médica posterior porque, estima también Fiscalía, la niña fue atendida debidamente tanto en Ceuta en primer lugar y en segundo en Madrid, a donde fue evacuada al cabo de pocas horas y debido a su mal estado de salud.
Esta tesis, secundada por la Defensa, quien por ende solicita también la libre absolución para el galeno, que a día de hoy ejerce su profesión fuera de nuestra ciudad, encuentra total rechazo en la antagónica postura que mantiene la Acusación Particular.
Entiende esta parte, y así lo expondrá cuando en mayo se celebre el juicio en la sala de lo Penal número Uno, que el médico se retrasó en la atención y que su diagnóstico fue poco profundo, razones por la cual la pequeña sufrió un empeoramiento de la salud. Es decir, que si hubiera atendido al bebé con la rapidez que se le exige a un médico de Urgencias y con la dedicación propia de su cargo, hoy la niña estaría en mucho mejor estado de salud.
Por este motivo, y en base a un delito de imprudencia profesional en su tipo de lesiones, la Acusación Particular pide para el galeno una pena de cuatro meses de prisión; inhabilitación profesional de sus funciones por espacio de dos años; e indemnización de 120.000 euros, dos puntos de vista que tendrá que dirimir la Justicia española para dar, al menos en la vía judicial, por cerrado un caso que siempre permanecerá ardiendo en la piel de una adolescente, de una mujer, de una señora.






