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La mañana del Jueves Santo

Por Redacción
21/04/2011 - 08:36

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Es un día primaveral. Una brisa  suave acaricia las caras de los que transitan por los campos cercanos a Jerusalem. Jesús contempla extasiado cómo  hasta las flores  saludan Su presencia, con un cuidado amoroso hacia la persona del Rabbí de Galilea. Parece como  si el campo en flor pensase al verlo:”no lo tendremos más aquí”. También los pajarillos en las ramas saludan al Maestro. Una oveja bala, porque han llevado a sus corderillos para  el Sacrificio Pascual. Han llegado ahora a Getsemaní y los Apóstoles preguntan a Su Señor:
“¿Dónde celebraremos  la Pascua, para hacer los preparativos?” Entonces Jesús llamó a Pedro y Juan, que iban más distanciados que el resto. “Id a la Ciudad por la Puerta de la Basura. Veréis a un hombre que lleva un ánfora. Seguidlo hasta que entre  en una casa. Paráis  allí y decid a su dueño:”El Maestro quiere saber cuál es la habitación en donde celebrarán la Pascua Él y los Suyos”. Luego preparadlo todo, y después nos juntaremos  en el Templo”.
Ellos se van corriendo. Jesús sin prisas, pasa con los Suyos al Cedrón y por fin entran en la Ciudad. Es una mañana agradable y tranquila. Ni siquiera molestan al pasar algunos del Sanedrín, que van con ricas vestiduras.
El paso de Jesús es impresionante; va vestido de rojo, con un manto más oscuro. Judas se para un instante, disimula atándose una sandalia y hace señal para que lo esperen los sanedrinistas. Les dice con disimulo:”quedamos en la Puerta Bella, sobre la hora sexta”. Luego corre para alcanzar a Jesús con absoluta desvergüenza. Llegan al Templo y Jesús se va a adorar al Señor. A continuación dice a Simón y Bartolomé que pidan dinero a Judas para comprar el Cordero.
Jesús pensaba descansar aquella mañana en Jerusalem, pues necesitaba sentirse fuerte para la oración nocturna. Nuestro Señor quería que Judas supiese sobre Sus pasos, pues todo debía cumplirse tal y como se encontraba escrito en la Torá. No obstante, los hebreos, la gente de la diáspora que veía a Jesús, se acercaba a Él dejando sus quehaceres, para escuchar Su Palabra. Y la multitud se hacía cada vez más numerosa.
“Escuchad. Un retoño brotará de la raíz de Jesé, una flor saldrá de esta raíz y sobre Ella reposará el Espíritu del Señor. No juzgará según lo que tuviere ante los ojos, ni condenará por lo que oyere de oídas, sino que juzgará rectamente a los pobres, tomará en sus manos la defensa de los humildes…El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los mansos, curar a los que tienen un corazón afligido, predicar la libertad a los esclavos, y a los prisioneros, el año de Perdón del Señor”.
Está dicho de Mí:”Él es el Fuerte, apacentará Su grey con la fuerza del Señor…Se convertirán a Él… hasta los últimos confines del mundo”. Está dicho de Mí: “Yo mismo iré en busca de Mis ovejas, en busca de las extraviadas…Curaré a las que tengan algún hueso roto, haré que se fortalezcan las débiles, cuidaré de las gordas y robustas…Está dicho de Mí: “Él es el Príncipe que trae la Paz. Él mismo es la Paz”. Está dicho de Mí: “Mira que ahí viene Tu rey, el que es justo, el que salva. Es pobre. Viene cabalgando sobre un asno…”. Está dicho de Mi:”Se han establecido setenta semanas para Tu Pueblo, para Tu Ciudad Santa, que se quite de Ella la prevaricación, que el pecado deje de existir, que se borre la iniquidad para que pueda venir la Justicia Eterna, para que se realice lo predicho en visiones y profecías y que sea ungido el Santo de los Santos. Después de sesenta y nueve semanas vendrá el Mesías. Después de sesenta y dos semanas será ajusticiado. Después de una semana sellará el Testamento, pero a la mitad de la semana no se ofrecerán ya hostias y sacrificios, y en el Templo habrá una desolación horrible, que durará hasta el fin de los siglos. ¡Leed a Isaías!
Los judíos preguntan preocupados. Jesús continúa: “Estará la Gran Víctima. Y dice el Profeta:”¿Quién es Este, que llega con sus vestidos teñidos de rojo? Es hermosa Su vestidura. Camina majestuoso, porque sabe que es fuerte”. Y sigue el Profeta:”Entregué Mi Cuerpo a los que Me golpean, Mis mejillas al que Me arranca la barba.. No he quitado Mi rostro de quien Me ultraja. Toda Mi belleza ha desaparecido. Los hombres no me han amado más. Me han despreciado. Me han tomado por el último…Me mirarán con desprecio, como a un leproso. Seré para todos un hombre cubierto de llagas, un muerto”.
Así es la Víctima. ¿No temas, Israel! No falta el Cordero Pascual. Aquí está el Salvador. Como oveja será conducido al matadero…”Y no abrió Su boca para maldecir a los que le matan…Será condenado, será levantado y morirá en medio de padecimientos. Sus miembros serán dislocados, Sus huesos desgarrados. Sus pies y Sus manos traspasados. Pero después de esta angustia…las multitudes vendrán a Él, porque después de haber entregado Su vida a la muerte, para la salvación del mundo, resucitará y gobernará la tierra, alimentará a los pueblos con el agua que vio Ezequiel, agua que sale del Templo…Con el Pan venido del Cielo”.
Todos estaban absortos escuchando a Jesús, cuando se refería a los Profetas. Pero Él los invita a seguirle:”Venid a alimentaros. Venid los que sois pobres. Venid los que no tenéis salud. Venid los que tenéis hambre y sed. Venid los que estáis en tinieblas o estáis muertos. Todos podréis venir a comer del Cordero de Dios que ha venido a quitar los pecados del mundo. Y pregunto:”Pueblo Mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he entristecido? ¿Qué cosa podía darte de más que no te di? He instruído, he curado a tus enfermos, he hecho bien a tus pobres. He dado de comer a tus multitudes. Te he amado en tus hijos, te he perdonado, he orado por ti….¡Oh, Pueblo Mío! ¡Oh, Mi Ciudad Real y Santa! Conviértete en esta hora al Señor Dios tuyo”.
Los que están allí hablan entre ellos y asienten en lo que dice su Rabbí. Alaban al Señor, lo admiran. Pero varios escribas y fariseos tratan de neutralizar la admiración del pueblo. Muchos tienen ejemplos que dar sobre los milagros de Jesús; incluso muchos gentiles se han sentido alentados por las palabras del Maestro y le presentan sus respetos. “Tus palabras nos llegan al alma y nos entristecen por el anuncio de Tu muerte”.
“Muriendo daré la Vida. Muriendo construiré. Muriendo crearé a un Pueblo nuevo. La victoria está en el Sacrificio. En verdad os digo que si el grano de trigo caído en la tierra, no muere, se queda infecundo. Pero si muriese, entonces sí que se produciría mucho grano. Perderá su vida quien la ame. Quien desprecie su vida en este mundo, la habrá preservado para la vida eterna…Quien quiera servirme, venga detrás de Mí. Y dónde Yo esté, ahí también estará él, Mi siervo. Quien Me sirva, será honrado por Mi Padre, por el Dios Único, verdadero, Señor de Cielo y Tierra. Creador de todo cuanto existe….Ahora Mi Corazón ha perdido la tranquilidad, pero digo al Padre:”¡Padre, glorifica Tu Nombre!”
Todos se impresionan cuando oyen Su potente Voz como un trueno, y levanta Su rostro hermosísimo y sereno orando al cielo. La gente se estremece, se sorprende. Jesús continúa:”Creed en Mí como en el Hijo del Dios de Israel. Si no creéis en quien os ha hablado del Cielo, no Me hacéis ofensa alguna, sino a vuestro Dios de quien soy Hijo.¡No permanezcáis en las tinieblas! He venido como Luz del mundo. Quien crea en Mí no quedará en tinieblas. No os creéis remordimientos que después no podréis aplacar, cuando ya haya regresado de donde vine. Sería un castigo muy duro de Dios contra vuestra obstinación. Estoy pronto a perdonar mientras estoy entre vosotros, mientras no se haya hecho el juicio, quiero perdonar. Pero Mi Padre piensa de manera diversa, porque Yo soy la Misericordia y Él es la Justicia.
En verdad os digo que si alguien escucha Mis Palabras y luego no las observa, Yo lo juzgaré. Pero he venido para salvar al mundo….Está dicho:”Nadie se burla de Dios. Será terrible para quien haga befa, se burle de Dios y lo juzgue como loco y mentiroso…Mis palabras son de Dios. No he hablado por Mí mismo, sino que el Padre Me envió…Obedezco Su mandato, porque sé que es justo….Mi Padre es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. El Dios de Moisés, de los Patriarcas y Profetas. El Dios de Israel. Vuestro Dios”.
Las palabras de Jesús van calando poco a poco en sus corazones. Gamaliel se había detenido y tenía la cabeza inclinada, escuchando atentamente. Serio. Luego se puso en camino, se marchaba. Le siguen otros en tono despectivo, sonriendo con malicia. Jesús ha terminado Su discurso y también se va. Habla con Judas:”ve a donde tienes que ir”, le dice. A los demás les invita a que vayan donde quieran. Y Él se queda con los pastores. Judas se dirige hacia la Puerta Hermosa. Sube el atrio de los gentiles, lo atraviesa y sube de nuevo al atrio de los hebreos. Dice a uno que avise al hijo de Anás, sumo sacerdote, para asuntos importantes.
Acuden unos pocos y quedan con él en el sitio acordado. En el Getsemaní. Les pide el dinero, pero no, se lo darán cuando haya cumplido su misión: Entregar al Rabbí. “¡Sí, un beso!” Es la mejor manera, la mejor señal para indicar al amigo traicionado. Se ríen todos de Judas. Son un coro de demonios. Judas está furioso, pálido de rabia. Y se marcha deprisa.
Mientras, Jesús está descansando en una casa amiga, con un hermoso jardín, silencioso, fresco y tranquilo, donde pasa algunas horas meditando. Le han avisado que ya están los discípulos en el Cenáculo, preparando la Cena Pascual. Un criado le comunica que ha llegado mucha gente, porque quieren presentarle sus respetos:”Maestro, Tus Palabras nos han hecho pensar. En Ti hemos escuchado la Voz de Dios. Pero, ¿qué debemos hacer?, porque dicen que estamos locos al creer en Ti.
Y Jesús les fue recordando cuanto había dicho a todos. Repasó a los Profetas de manera sabia y perfecta; dulce y sencilla. Luego les dio la Paz, los bendijo y se despidió de ellos. También se despidió de los pastores y se marchó al Cenáculo, para celebrar la Pascua junto a los Suyos.

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