La comunidad hebrea recuerda estos días el éxodo de Egipto y la búsqueda de libertad que durante una semana les invita a reflexionar conjugando rezo en la sinagoga y amor en los hogares
De la servidumbre a la libertad. De las cadenas a las alas. De Egipto al resto del mundo. Y en Ceuta, la comunidad hebrea se suma como cada año a su festividad más sagrada que comenzó ayer y se desarrollará hasta el próximo martes. Siglos de ritual que se repite cada Pesaj en el que los padres se esmeran en trasladar a sus hijos el sentimiento que debe prevalecer en estos días: “la libertad es tan sólo una palabra y debemos conseguir que sea acción en todos los sentidos sintiéndonos libres emocionalmente lejos de las ataduras de este mundo atado por políticos, trabajos, consumo...”. Así lo explica uno de los miembros de la comunidad israelita ceutí, José Benchimol, que anoche compartió junto a su familia el comienzo de una festividad “muy importante para nosotros donde el culto en la sinagoga y la familiaridad en nuestros hogares son los grandes protagonistas junto a la celebración de la libertad del pueblo judío y al recuerdo de aquellos días y todo lo que significaron”. Son los patriarcas de las familias los que trasladan de padres a hijos uno de los momentos más especiales de la jornada: la lectura de varios pasajes que relatan el éxodo de Egipto y recuerdan todos los milagros que acompañaron la historia de sus antepasados en ese paso de la exclavitud a la libertad. Son las preguntas de los niños las que guían a lo largo del Haggadah, el relato de la odisea del pueblo judío en su huida de la opresión egipcia. “Tenemos obligación de transmitir la historia de nuestro pueblo. Para ello nuestra mesa se llena de simbolismos que obligan a los pequeños a preguntar”. El menor de los presentes pregunta durante el Séder, la cena con la que se inician los festejos, por el significado del Pésaj. El matzá, el pan sin levadura, es el único que se puede comer durante la festividad y representa la prisa con la que iniciaron la marcha, y las marores, unas hierbas amargas, recuerdan las duras condiciones de vida durante la esclavitud. Su abuelo lo hizo con su padre, su padre con él, él con sus hijas y ahora también con sus nietos. Tras el rezo en la Sinagoga, los miembros de la comunidad israelita se dirijieron ayer a sus hogares a iniciar una de sus semanas más especiales. “Se trata de intruducirnos de lleno en la burbuja de la libertad y de la felicidad inmersos en la tradición, la fe, la historia y en nuestras familias compartiendo la lucha de este pueblo”.






