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El padre y las hermanas del guardia civil Francisco Andréu estuvieron en el acto
La familia de Francisco Pascual miraba el mural, en la zona roja de la exposición de la Guardia Civil, la que, precisamente, hacía mención a los agentes de la Benemérita que habían caído bajo las balas asesinas. Rogelio Pascual y sus hijas Laura y María del Carmen habían aceptado la invitación para asistir a este acto.
Laura hizo de portavoz de la familia y reconocía que “fue un golpe muy fuerte para toda la familia, que te marca para siempre. Además vivíamos en el comienzo de la década de los 80 que fue cuando el terrorismo golpeaba con más fuerza tanto a la Guardia Civil, como a la Policía Nacional y al Ejército”.
A una pregunta de los medios sobre cómo se podía comparar esta muerte con la de otra persona que lo hace por causas naturales, Laura fue muy clara al añadir que “en otros casos, bien por una enfermedad, o porque una persona ha llegado ya a una cierta edad, se puede esperar, pero esto nunca, porque mi hermano tenía 24 años, estaba lleno de vida y estaba cumpliendo con su trabajo”.
Se felicitaba porque, salvo circunstancias que deberían cambiar mucho, el terrorismo que los españoles hemos estado padeciendo durante casi 40 años y que tenía un nombre, ETA, parece que ha pasado a mejor vida, aunque los criminales no hayan entregado todavía sus armas y hace votos “para que continúe de la misma forma”.
Igualmente, se siente satisfecha y hablaba en nombre de toda la familia, porque los ciudadanos no tienen miedo ya a salir a la calle para defender la libertad y dar la cara contra los violentos, una circunstancia a tener en cuenta después de todo lo sufrido.
Asesinado fuera de servicio
El 6 de abril de 1980, el guardia civil ceutí Francisco Pascual, estaba fuera de servicio y se estaba tomando una copa en un bar cercano a su Comandancia. Iba con un compañero. Eran seguidos por tres miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. El atentado, en la localidad guipuzcoana de Orio, había sido preparado para causar la muerte de dos guardias civiles, aunque circunstancias fortuitas provocaron que Florentino Lopetegui, pescador de veintitrés años resultara también con heridas mortales. Alrededor de media hora antes del atentado, uno de los guardias civiles abandonó el establecimiento para acudir al servicio, quedando solo Francisco Pascual Andréu. El marinero Florentino Lopetegui se acercó entonces al guardia civil y le preguntó sobre la tramitación de una licencia para la embarcación que poseía su padre.
Cuando los dos hombres se encontraban junto a la barra del establecimiento charlando, tres personas se introdujeron en el bar Biotza. Una de ellas disparó una ráfaga de metralleta mientras otra hizo fuego con una pistola. Florentino Lopetegui y Francisco Pascual Andréu resultaron muertos casi instantáneamente. Los tres miembros del comando huyeron, en un automóvil Seat 124 con matrícula de Madrid, que había sido robado.
La madre de Francisco ya no volvió a ser la misma
A la inauguración de la exposición de la Guardia Civil acudieron tres miembros de la familia de Francisco Andréu: el patriarca de la familia, Rogelio, junto a sus hijas Laura y María del Carmen. A Rogelio se le veía muy emocionado viendo la fotografía de su hijo y cómo se recogía en unas líneas cómo se había producido el atentado que le costó la vida. Sin embargo, quien no pudo acudir, porque falleció ya hace algunos años, fue su mujer. Como él mismo reconocía, se puso de luto nada más faltar su hijo Francisco y no se lo quitó jamás, a pesar de los años transcurridos. Su hija Laura nos contaba que su madre estaba “muerta en vida” y que fue la pena por perder a su hijo Francisco la que se la llevó al otro mundo, porque nunca más volvió a ser la misma persona.






