Danzarte interpretó ayer en el Teatro del Revellín un espectáculo donde la unión entre danza y palabra lanza un mansaje clave: la vida es hoy “La vida es hoy, siempre y cuando se sea capaz de abrir mi corazón y ver que cualquier sitio, cualquier cosa, tiene algo bello”. El acento de Teresa Martín, suiza de nacimiento y holandesa de adopción, la delata. Es la coreógrafa del espectáculo ‘¡Voy!’ del que ayer disfrutaron los asistentes al Teatro Auditorio del Revellín. Una unión entre el flamenco y la palabra que, para los ocho bailarines de la compañía ‘Danzarte’ que bailaron sobre el escenario, supuso un reto cuando allá por 2009 comenzaron a interpretarlo. “Nos toca bailar y hablar a la vez y, aunque en un principio se te hace un poco complicado, luego te das cuenta de que la palabra te sirve para apoyar a los movimientos, para convencer al espectador de qué es lo que le estás contando. ¿No te ha quedado claro con el gesto? ¡Pues te lo digo!”, explica Natalia Ferrándiz, directora de la compañía junto con Bruno Argenta.
Son también dos de los artistas que ayer se lanzaron a la búsqueda de mayor profundidad. Con miedo y dudas, sí, como cualquier decisión que haya que tomar en la vida, pero con valentía tras sopesar los pros y los contras de la decisión. “Aunque el mensaje final es optimista, el espectáculo también cuenta con una parte oscura, de indecisión y duda”, reconoce Martín, “es un túnel por el que han de pasar y, mientras lo cruzan, van encontrando distintos colores”. El tono de la soledad, del enfado, de la ternura, del consuelo...Tintes, todos ellos, sustentados con los acordes nacidos de las manos de Alfredo Lagos, un extraordinario guitarrista jerezano que ha “hecho a medida” la música e proporciona una impronta muy particular a ‘¡Voy!’.
Para el marco en el que ayer trabajaron los miembros de Danzarte no tuvieron más que buenas palabras. “Es genial, excelente. Nos fue muy grato encontrarnos un con teatro de tanto nivel en nuestra primera vista a Ceuta”, indicó Ferrándiz deseosa de que el público caballa tuviera curiosidad por ir a verles al Revellín. Saben que la crisis afecta a todos los bolsillos, por eso recuerdan que precisamente los malos momentos piden a gritos distracción y fórmulas que inviten a la calma y al sosiego. La importancia, en definitiva, de alimentar el espíritu. El de los asistentes ayer al Revellín está, hoy sábado, saciado de optimismo y buenas vibraciones.






