El Mercado Central de Ceuta vive momentos complicados. A primera hora de un miércoles, cuando la actividad debería empezar a llenar los puestos, apenas hay clientes entre los pasillos.
Los comerciantes miran hacia la entrada esperando que aparezca el volumen de clientes al que estaban acostumbrados. El pescado y el marisco, uno de los sectores más afectados por la invasión.
No han hecho el agosto
Agosto suele ser uno de los meses más esperados por los autónomos. El verano y la llegada de turistas generan una mayor demanda y permiten afrontar con algo más de margen el resto del año. Esta vez, sin embargo, la situación vivida en Ceuta ha supuesto un duro golpe para las ventas.
“Nos ha afectado la situación que hemos tenido”, explica Anuar Ahassan, gerente de una pescadería del Mercado Central.

Según los propios comerciantes, parece que los clientes han reducido sus salidas para hacer la compra.
Menos clientes y precios que empiezan a bajar
Los vendedores reconocen que las ventas han caído y, queriendo encontrar una explicación, el camino lleva a la compra online debido al miedo instalado en la población tras la invasión, sobre todo entre las personas mayores, clientes habituales.
“Venta hay muy poca”, dice Anuar. El comerciante explica que septiembre suele traer una reducción de los precios del pescado y ha animado a los ceutíes a que vuelvan a acercarse al mercado.
Algunos productos han experimentado bajadas significativas. El kilo de boquerones, por ejemplo, ha pasado de ocho a seis euros. También ha bajado el precio de especies de mayor tamaño. La urta ha pasado de 24 a 22 euros el kilo y la lubina, de 24 a 21.
Entre los productos que más salida tienen habitualmente se encuentran los pescados pequeños, como boquerones, jureles, salmonetes y pijotas. Para los comerciantes, una reducción de uno o dos euros en determinadas especies supone una diferencia importante.
"La gente no sale. La gente está asustada"

Pero el problema, explican, va más allá de los precios. “Vendíamos 1.200, 1.500 euros. Ahora vendemos 400, 500, 700”, dice Abdelmalik Mohamed, otro pescadero ubicado en el Mercado Central.
“No vendemos nada”, añade. La mayor parte de sus ventas, según ha trasladado, procede ahora de los bares. “La gente no sale. La gente está asustada”, asegura.

Este autónomo recuerda además el pasado del Mercado Central y lamenta la transformación que ha experimentado en los últimos años.
“Este mercado era un tesoro. Vendíamos antes un montón de pescado. Ahora, acabó toda la cosa”, afirma.
"Estamos aguantando"
La situación también ha obligado a algunos negocios a echar el cierre. Según explica uno de los autónomos, de los 28 puestos que llegó a tener el mercado, alrededor de diez han cerrado, aunque precisa que esos cierres se produjeron antes de la invasión.
Los que permanecen abiertos aseguran que continúan al frente de sus negocios pese a las pérdidas. “Estamos aguantando. Aunque sea con pérdidas hay que estar abiertos”, dice con resignación Abdeselam Bumedian.

Incertidumbre
El deterioro de las ventas tiene una segunda consecuencia menos visible: el desgaste psicológico de quienes dependen de sus negocios para vivir.
“Estamos decepcionados”, reconoce Bumedian. “A ver si hay alguna solución, que se termine esto de una vez ya y volvamos a la normalidad. Es lo único que queremos”.
Los comerciantes hablan de semanas de incertidumbre y de la preocupación constante por el futuro. “Llevamos casi dos meses ya y las cosas siguen igual”, lamenta.
¿Pescado por el paso fronterizo?
Mientras tanto, otro asunto permanece completamente parado: las transacciones de pescado a través de la frontera con Marruecos. “Del pase de la frontera todavía no hay nada”, señalaba Anuar. Los comerciantes aseguran que tampoco han recibido nuevas noticias al respecto.
La petición que trasladan desde los puestos del Mercado Central es sencilla: recuperar la normalidad y volver a ver los pasillos llenos.
Hasta entonces, los autónomos siguen levantando cada mañana las persianas de sus negocios y esperando que los clientes regresen.






