Decenas de inmigrantes se han echado al mar para intentar llegar a Ceuta bordeando el espigón del Tarajal. Durante toda la jornada, agentes del Servicio Marítimo han estado sacando a adultos, pero sobre todo menores, del agua evitando que perecieran ahogados.
La situación se ha ido complicando conforme avanzaba el día debido a las malas condiciones del mar. Eso, por un lado, animaba a nadadores marroquíes a buscar el cruce a España, pero a su vez podía convertirse en una trampa mortal.
Hay quienes quieren vincular este tipo de repuntes con debates políticos. Hoy precisamente en el Congreso se debatía y aprobaba el decreto ley para el traslado de menores a la Península desde los terrenos más tensionados como es el caso de Canarias y Ceuta.
A pie de terreno, componentes de la Guardia Civil lo atribuyen más, por su experiencia, a un tiempo adverso que conlleva este tipo de prácticas en muchos casos suicidas.
Los integrantes del Servicio Marítimo han ido localizando en el mar los cuerpos de jóvenes que, enfundados en trajes de neopreno y algunos con aletas, buscaban la manera de llegar a este lado de la frontera.
En algunos momentos ese rescate se complicaba debido a las dificultades para poder sacar a quienes estaban siendo arrastrados por el oleaje.
Se trata de una labor en la que el riesgo es evidente. Lo es para todos: para quienes tienen el papel de salvar vidas como para los que, estando en el mar, buscan a la desesperada el cruce, la huida del vecino país.
Los guardias civiles del Servicio Marítimo han llevado a cabo cuantiosas salidas durante todo el día, mientras que en tierra las patrullas iban apoyando procediendo a traslados de los nadadores hasta las casetas ubicadas en el espacio fronterizo.
Allí se ha contado con la presencia de voluntarios de Cruz Roja para la atención inicial y el reparto de mantas.
Algunos de estos inmigrantes han llegado por sus propios medios hasta los arenales, en donde esperaban los guardias civiles para hacerse cargo de ellos.
En una de las ocasiones, a un joven enfundado en traje de neopreno que llegó hasta la playa le estaban esperando varios menores de los que la Ciudad tiene acogidos en los recursos de las naves.
No es una imagen anecdótica, muy al contrario. Los menores acogidos en Ceuta son contactados por quienes buscan la entrada, coincidiendo en ese espacio temporal y terrestre que hasta el momento les había estado separando.
Los guardias civiles han procediendo al traslado de todos los rescatados, mientras que en Marruecos seguían echándose al mar ante la ausencia de embarcaciones en sus costas.
En algunos casos, los nadadores que ya no podían continuar con su rumbo se veían obligados a quedar en los arenales del vecino país.
Durante toda la jornada varios jóvenes han estado saliendo desde distintos puntos de la costa marroquí al objeto de llegar a este lado del paso fronterizo. Componentes de la Guardia Civil han realizado rescates sin descanso en una frontera sur donde la presión no cesa, donde hablar de números es equivocarse porque tan solo se puede ofrecer una aproximación de todos los que buscan dejar atrás su país.
Al margen quedan las denuncias sobre desaparecidos, los hallazgos de cuerpos sin vida que ni siquiera logran ser identificados por la Guardia Civil y las historias personales que quedan rotas en un mar que separa dos vidas opuestas y hasta dos modos de control completamente enfrentados.
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