El “incumplimiento flagrante” en el Sáhara y las relaciones actuales con Marruecos han salido a debate este miércoles. El salón de actos de la sede de la UNED en Ceuta ha sido el escenario de dos asuntos candentes relacionados con el país vecino.
Ana Camacho, profesora de la Universidad Francisco de Vitoria, ha sido la encargada de inaugurar con su ponencia la última jornada del curso de verano “1925-2025: un siglo de relaciones entre España y Marruecos”. La docente y periodista ha profundizado sobre la posición nacional respecto al territorio saharaui.
Antes de entrar en la clave de la materia, se ha remontado al inicio de la conexión con esta zona. El nexo surge en el siglo XV, donde ya se tenía constancia de “la influencia” de España en la misma a raíz de su presencia en las islas Canarias. De hecho, en ese periodo, hubo un intento de ocupación sin éxito.
Más tarde, las reglas del juego cambiaron. La llegada del imperialismo hizo que, para tener un poder real sobre un área en África, era preciso tener una presencia consolidada, es decir, colocar la bandera y tener personal destinado entre otros.
Ese nuevo paradigma, junto con la expansión de otros estados por el continente, llevó a España una segunda operación. Camacho ha asegurado que, en esa ocasión, fue una acción que se llevó a cabo para prevenirse de cualquier entrada al archipiélago canario. No existía un interés económico sobre la zona ya que el único recurso natural atractivo es la pesca.
Este fue el inicio de la historia, un recorrido que ha desembocado en una situación que deja en vilo al Sáhara, según la profesora. La Carta de las Naciones Unidas dictamina que es responsabilidad de la potencia colonizadora ayudar y permitir la autodeterminación de la región sometida.
La razón por la que Camacho ha hecho hincapié en que España comete un “incumplimiento fragrante” respecto a la superficie desértica es por lo que dictamina el artículo 73 de este escrito internacional.
“Este indica que tiene el sagrado deber, por encima de todo, de llevar al pueblo que está bajo su tutela al autogobierno”, ha explicado. “Es un problema. No solo para los saharauis, que no tienen voz porque es España quien debe dársela. Lo es también porque al no acatar principios de derecho internacional, se anima a Marruecos a que tampoco lo hará incluso en cuestiones que no están estrictamente vinculadas al Sáhara. Es decir, puede saltárselas de cara a Ceuta, Melilla o las Canarias. Hay muchos contenciosos”, ha aseverado.
“España tiene que corregir los errores que incurrió en el 75. Debe asumir su responsabilidad y ayudar a resolver el conflicto que existe a 100 kilómetros del archipiélago canario”, ha incidido. La conferenciante ha asegurado que el tejemaneje de años entre el país y Marruecos respecto a la zona,ha sido un caldo de cultivo para que se despierten ciertos movimientos o corrientes en el pueblo, en especial, en las nuevas generaciones.
“A base de fomentar su desesperación y de esos 30 años de espera para que la ONU cumpla con su promesa de un referéndum en 1991, lo que se está haciendo es echar leña al fuego a una región que de por sí está en llamas, en concreto, en el Sahel. Mali está a dos pasos de los campamentos del Frente Polisario”, ha señalado.
“Es fácil que esta sensación lleve a esos jóvenes que echan en cara a sus mayores haber aceptado un alto al fuego con Marruecos a cambio de nada a coger los Kalashnikov y a sumarse al incendio que hay en ese lugar. No conviene ni se debe permitir”, ha enfatizado.
Uno de los aspectos más destacables dentro de su exposición ha sido la revelación de las intenciones de Franco respecto al Sáhara. Camacho ha trasladado que existen diferentes pruebas de que su pretensión era impulsar la autodeterminación en el territorio.
El tema no ha estado exento de polémica. La docente ha compartido cómo en ciertos encuentros la han señalado por comentar este asunto. Sin embargo, la pretensión del dictador no era un objetivo altruista. Respondía a un movimiento estratégico para salvaguardar las islas Canarias.
Al dotar de independencia a este espacio, se colocaría un muro entre Marruecos y las aguas de las islas Canarias. Es más, la profesora ha indicado que para el país vecino esta área marítima era de interés porque se descubrió que esconde una fuente de recursos.
Carlos Echevarría, docente en Relaciones Internacionales en la UNED, ha puesto el foco en el presente y en qué punto están los lazos entre ambos países. El ponente se ha centrado en contar cómo es esta interacción a través de una serie de factores de influencia.
A su juicio, desde España se debería adoptar una postura más exigente. Ha expresado que aboga por una situación que sea de beneficio para las dos partes y que sea diplomática. Ha indicado que no existe un vínculo “sano” y que, a su parecer, Marruecos adopta una postura demandante. “Está en un momento particularmente dinámico en términos de ambición. No es mala, siempre y cuando no se pisotee a otros. La misma se está haciendo cada vez más molesta en términos de vecindad”.
Ha comentado que va mucho más allá de la cuestión territorial y de las reclamaciones en torno a Ceuta o Melilla. “Al demandar esto, a su vez, marcan toda una serie de características de una relación viciada”. Ha manifestado que la actitud de las autoridades marroquíes responde a “una instrumentalización” del pasado colonialista del Protectorado.
Echevarría hace referencia a que, según su análisis, de algún modo descarga en España las situaciones del presente que atraviesa la nación. “Su régimen no puede seguir viviendo de una supuesta desigualdad estructural en la que ellos son los débiles y nosotros los fuertes y que, por serlo, nosotros les debemos hasta territorio. Eso no es así. Es un estado soberano desde 1956 y su responsabilidad es proteger a su población y hacer que viva en condiciones dignas. Si no lo hace no puede pretender culpar a terceros de esa circunstancia”, ha destacado.
El profesor ha insistido en que hay unos condicionantes que interfieren en los lazos actuales entre ambos. Estas son, entre otras, la cuestión en torno a la inmigración y su gestión desde Marruecos, así como el tráfico de drogas.
“Utiliza técnicas de presión, también hacia Francia y la Unión Europea. Sin embargo, el país es el que está en la primera línea con su frontera terrestre”, ha incidido. “España tendría que ser más exigente y la UE también, no porque haya que asignarle su obligación de estar atenta y ser activa, pero, es cierto que pertenece a esta organización supranacional. Bruselas debería decir algo”, ha subrayado.
“Es necesario administrar esos condicionantes. Ello se traduce en una política clara de los intereses propios y de establecer cuáles son las amenazas hacia los mismos. Marcar una estrategia definida. Esa vecindad no es fácil, pero puede hacerse más sencilla de fijarse la misma”, ha matizado.
A colación de la cuestión en torno a la inmigración, al ser preguntado por los hechos que se dieron en mayo de 2021, no ha dudado en catalogar lo ocurrido como “un ejemplo de herramienta híbrida”. Echevarría ha recalcado que consiste “en usar a personas civiles como elemento de presión”. Ha hecho hincapié en que “en Ceuta es lo que se hizo ese año. Marruecos no puede ocultar que tuvo la voluntad de hacerlo”.
Ha trasladado que este episodio “no forma parte de una agenda de relación normal y respetuosa con un vecino. E incluso apuremos tampoco lo es con su pueblo. Eso no hay que perderlo de vista”, ha reflexionado.
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