Son ya 22 muertes este 2025. Muertes de jóvenes que intentan cruzar de Marruecos a Ceuta y terminan falleciendo en el mar. Se supera ya la cifra de todo 2024 y quedan meses todavía.
Las circunstancias son poco alentadoras. No hay jornada en la que no se produzcan intentos de pase. No siempre se informa de ello. A los más de 200 intentos de la madrugada del domingo se sumaron los al menos cien de la pasada noche.
Marruecos está asumiendo a sus nacionales, mientras la Guardia Civil entrega a todos sus efectivos a noches complicadas en las que los salvamentos de vidas son constantes.
De lo que nada se sabe es de los que llegan y de los que se quedan en el camino, salvo que aparezcan sus cuerpos. Lo peor es que no se les haya podido identificar, como sucedió con el varón enterrado ayer en Sidi Embarek u otros que les han precedido.
La recuperación de este cuerpo se produjo además en una playa repleta de bañistas. Ellos fueron testigos de situaciones dramáticas que acostumbran a leer en crónicas o visualizar en grabaciones.
Esta vez lo tuvieron cerca, demasiado. Esto pasa en una ciudad frontera en la que los repuntes migratorios son constantes, demasiados, ofreciendo en tardes como la de ayer, el peor de los rostros.






