A días de finalizar el Estado de Alarma no queda más que echar la vista atrás y recordar la cantidad de historias que hemos tenido que afrontar en este periodo. Porque aquí, en El Faro, ha habido momentos en los que además de periodistas hemos sido psicólogos o simplemente la voz al otro lado del teléfono cuando este no dejaba de sonar para preguntarnos lo mismo: ¿cuándo abrirá la frontera?, ¿cómo podemos llegar a nuestras casas? Al otro lado se quedaron españoles que no tenían manera de saber cuándo podrían cruzar y de qué manera. Carentes de cualquier tipo de ayuda -los organismos oficiales no han funcionado como deberían- llamaban al periódico llorando, contando sus penas, sin saber cómo podrían cruzar a la Península. Y así nos topamos con personas de distintos puntos del país a las que el cierre de la frontera les había sorprendido en Marruecos. Personas que pudieron cruzar en esos días extraordinarios en los que, además de ellos, pasaron decenas de caravanas. Gallegos, madrileños, andaluces... todavía recuerdo a ese señor de Burgos llorando como un niño en la estación marítima sin saber si iban a salir barcos. O aquella pareja de asturianas que decidió marchar con la maleta y plantarse frente a la Delegación hasta encontrar alguna respuesta porque en el puerto nadie les decía nada y ya no tenían ni dinero ni entereza para seguir atrapadas. Allí se cruzaron con más españoles y hasta con sudamericanos que no sabían qué hacer.
En la redacción nos transformamos en psicólogos, en recepcionistas, atendimos mil y una historias. No había descanso, no había horas. Ahora, a punto de finalizar el Estado de Alarma, aquello se recuerda como una pesadilla; cuesta pensar que han pasado solo unos meses, que ese es el periodo que separa aquellas historias desesperadas de la actualidad.
Y como nosotros, hubo taxistas que hicieron servicios gratuitos porque se topaban con personas que ya no tenían dinero; y trabajadores que aparcaron sus labores para atenderles, para hacer de guías o asesores. Llegará un día en el que toque hacer un balance sincero de todo lo que ha ocurrido y las administraciones deberán mirarse al ombligo y analizar en qué fallaron, porque no estuvieron a pie de calle en vez de asesorar tras una dirección de correo que ni funcionaba.







El comportamiento de la Delegación del Gobierno ha sido y es desastroso, pésimo, nefasto, el silencio por respuesta en una situación de emergencia es inadmisible, ahora que podemos contarlo, en la delegación del Gobierno de ceuta alguien tiene que pedir disculpas y por su puesto dimitir, es vergonzoso el comportamiento de la DELEGADA, los mismo digo de la Embajada y los consulados de España en Marruecos, vergonzante comportamiento hacia los Españoles que quedaron tirados en el vecino país, el consulado de Tetuán es una vergüenza como trataba a nuestros a los ceutíes y no ceutíes, españoles todos y que pagan sus impuestos, alguien tiene que poner ORDEN EN este vacío legal que nos cuesta cientos de millones de euros en nóminas a estos enchufados e inutiles