Hay miles de maneras de pasar hachís. Tantas como maquinaciones para burlar el control que en pleno puerto de Ceuta ejerce la Guardia Civil o la Policía Nacional.
Algunos pases son curiosos, porque siempre hay un resquicio para sorprender a quienes dedican su profesión a vetar el narcotráfico.
La magistrada titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Ceuta ha condenado a dos varones por incurrir en delitos de tráfico de drogas, cada uno con un modus operandi diferente, pero que en ambos casos no sirvió para desvirtuar el control de seguridad.
Al llamado E.H.E.Q. le arrestaron el pasado 18 de mayo por llevar droga oculta en los aparatos ortopédicos que portaba. Una manera de colar hachís al otro lado del Estrecho que no resultó como esperaba.
En total escondía 2 kilos y 300 gramos de esta narcótica sustancia. Preso preventivo desde entonces, ahora ha sido condenado a 1 año y 10 meses de prisión.
Aunque la fórmula de la que echó mano era bastante curiosa, no logró que ese tráfico de estupefacientes terminara con el depósito de la mercancía al otro lado del Estrecho por el que se supone que iba a cobrar una comisión ajustada a su papel de enlace de los dueños del hachís.
El 10 de mayo, solo ocho días antes, en el embarque de las 15:15 horas, la Guardia Civil detenía al llamado M.H.G. con casi 9 kilos de hachís en el coche.
Tenía el vehículo, modelo Opel Astra, lleno de droga repartida en pequeñas cantidades, pero por todas las partes.
Podría pasar por menor de edad debido a su aspecto, pero con 18 años y sin antecedentes, terminó con los grilletes puestos después de que la Guardia Civil descubriera toda la mercancía en ese particular coche patera que conducía.
Encontraron el hachís en huecos naturales del vehículo como el filtro del aire, laterales del maletero, guantera e incluso la caja de cambio… Así, hasta 26 bloques, que arrojaron un peso de 8 kilos y 750 gramos.
El joven aceptó una pena de 3 años de prisión y 1 día, después de reconocer su implicación en un delito contra la salud pública.
Los dos casos se refieren a sucesos ocurridos en mayo, todos ellos relacionados con el tráfico de drogas constante entre Ceuta y Algeciras. Han terminado con sentencias condenatorias de prisión después del reconocimiento del delito por parte de los acusados.
Se aplicó la figura jurídica de la conformidad, lo que evita la celebración de la vista oral ya que al existir una confesión de la acción delictiva no es necesario contar con las declaraciones de los testigos citados.
Quienes se arriesgan a participar en los delitos relacionados con el tráfico de estupefacientes deben pasar el doble filtro instaurado en el puerto de Ceuta y Algeciras. Es peligroso, pero lo hacen una y mil veces.
Son eslabones de la cadena que funciona para sostener este negocio que se surte del hachís procedente de las plantaciones de Marruecos para su introducción en la Península.
El empleo de semirrígidas, las conocidas como narcolanchas, así como el fondeo de la droga son alternativas para el pase de la narcótica sustancia en grandes cantidades con más beneficios.
A pesar de ello, la ruta de los coches, como si se tratara de una cadena de hormigas, sigue siendo una constante. Turismos, caravanas, patinetes, motos, bicicletas… nada se escapa a servir de lugar de acogida y ocultación de la droga.
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