Es el cuento de nunca acabar. No aprenden. Se denuncia y se denuncia que las cosas no funcionan y a esta clase política le da igual. Es pegarse contra el muro de la absoluta dejadez.
Ya sabemos que al alcalde no le gusta el baloncesto. Por eso le da igual que quienes practican este deporte se queden todo el verano sin las pistas de la Marina porque somos el único pueblo de España que necesita más de un mes para arreglar los desaguisados de la Feria.
Por eso le da igual también que los pabellones estén hechos un desastre y el ‘Campoamor’, a donde van un montón de equipos a entrenar y competir, parezca el vivo ejemplo de una casa en ruinas.
Llueve y... ¡bingo! vuelven las goteras. Las gradas de los pabellones llevan desde hace semanas con la famosa cinta de ‘no pasar’ por el peligro que supone estar allí. Nadie hace nada. Como es el baloncesto y no el fútbol del alma que apoya este Gobierno con su alcalde a la cabeza, pues ahí se quedan estos deportistas: discriminados.
Es increíble que intentemos vendernos como una ciudad avanzada que apuesta por lo digital, que dice ser puntera en no sé cuantos yacimientos generadores de empleo, y tengamos unas instalaciones viejas con las que matamos el deporte que es lo único sano que puede salvar a nuestros hijos. Pareciera que los estamos orientando al sector del juego online.
¿Qué quiere el alcalde? Si lo desea entre todos los amantes del baloncesto hacemos una colecta para regalarle un galardón y se lo entregamos en Ceuta -no tiene que irse a Málaga como hizo con los premios JDigital emulando aquella famosa escoba de plata que nos daban por ser la ciudad más limpia, previo pago claro-.
Quizá así consigamos que este Gobierno ponga solo un poco de cariño hacia otros deportes. ¿Habrá que empezar a pensar mal y creer que prefieren que el deporte se quede para cuatro privilegiados mientras que el resto termina cansándose hasta tirar la toalla?
El tiempo, ese sabio que pone a cada uno en su sitio, nos lo dirá. De momento están dando pruebas de selección, discriminación y falta de respeto. No parece importarles mucho.







Se puede decir más fuerte, pero no más claro.
Hace años que ceuta y los ceuties tenemos un grave problema y se llama Juan vivas lara