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GEAS, el reconocimiento a años de trabajo en Ceuta

El Grupo Especial de Actividades Subacuáticas abre las puertas de su sede con motivo de este especial reconocimiento | El jefe de la Unidad, el brigada Braulio Varela, profundiza en años de servicio

Un nuevo aviso, la puesta en marcha del dispositivo, dotarse del traje y, en el menor tiempo posible, salir al mar. Esta es la realidad constante del GEAS de Ceuta, el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil.

En muchas ocasiones la notificación del hallazgo de un cadáver los lleva a una práctica tristemente segura; pero en muchas otras, estos avisos esconden lagunas de incertidumbre porque, realmente, los agentes que componen la Unidad GEAS nunca pueden predecir qué escenario encontrarán en las aguas.

El Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil desarrolla una labor imprescindible en la ciudad, es por ello que el PP lo propuso para recibir la Medalla de la Autonomía este próximo 2 de septiembre, un reconocimiento que se han ganado con creces.

Una dualidad profesional

Los componentes de esta Unidad viven una constante dualidad profesional. Por un lado, deben cargar con la habitual aparición de cadáveres en el mar, un total de 23 este 2025 -todos, o casi todos, jóvenes- un dato que reduce la capacidad de asimilación para los agentes.

Y, por otro, en el quehacer de sus responsabilidades se convierten en verdaderos héroes que salvan vidas en el mar, por lo general, en condiciones extremas, de riesgo, en las que esa misión supone poner en riesgo las suyas propias.

Un reconocimiento recibido con alegría

Con motivo de la entrega de la Medalla de la Autonomía, el jefe del GEAS, el brigada Braulio Varela, abrió las puertas de su sede para acercar a la ciudadanía sus labores, unas actividades desarrolladas en silencio, en el mar, mientras todos en tierra obvian este compromiso con el servicio púbico.

Para el GEAS de Ceuta, este reconocimiento ha sido recibido con buena gana, ilusión y alegría. “Supone algo muy importante porque es el reconocimiento a un montón de trabajos realizados a lo largo de estos años en la ciudad; y que sean reconocidos es una palmadita muy buena”.

Cómo recibieron la noticia

El grupo recibió la noticia a través de quienes se adelantaron a leer la prensa. “Oye, que vais a recibir la Medalla de la Autonomía”, les decían ante los rostros atónitos de lo que escuchaban. “Nosotros imposible”, pensaban algunos.

Pero ha sido posible, y el día 2 de septiembre, el GEAS será reconocido con uno de las condecoraciones de mayor prestigio de Ceuta.

“Cuando tu propio jefe te comunica que somos el único grupo con esta distinción te vas mentalizando y nos hizo sentirnos muy orgullosos, es entonces cuando te lo vas creyendo”, relata Varela.

Las familias, ensalzando su labor

Sus familiares juegan un papel muy importante en el proceso de asimilación en su trabajo. El entorno es, al fin y al cabo, quien sufre la incertidumbre del destino de sus allegados en cada salida a las aguas.

“La familia lo que hace es reconocer que lo merecemos. Modestia aparte, pero te lo reconocen porque claro, ellos viven de primera mano todos esos tiempos que salimos, que te llaman y que no sabes cuándo vas a volver ni en qué condiciones…”, traslada.

Cicatrices en el corazón

Pero, detrás de los agradecimientos y las felicitaciones, tras recibir esta noticia se esconde la cara más dura del trabajo del GEAS. Este año han recuperado 23 cadáveres en el mar, la mayoría de ellos jóvenes inmigrantes que no lograron el pase a Ceuta.

Varela reconoce que es una de las tareas más difíciles de afrontar: “Aunque estamos habituados, hay ocasiones que recuerdas de por vida. Son cicatrices que uno se va dejando en el corazón y que siempre se recuerdan”.

El jefe del GEAS admite que nunca se llega a normalizar una situación así. “El cuerpo nunca, nunca se acostumbra a estas cosas. Siempre piensas que quizá podías haber llegado un poco antes para salvarle la vida. Eso queda”. Y lo asumen sin rodeos: “Es lo peor a lo que nos podemos enfrentar”.

La recompensa de salvar una vida

A pesar de esta cruda realidad, debemos agradecer al destino que no todo sea tristeza. A veces la balanza se inclina hacia el lado contrario y los agentes logran rescatar a personas que ya casi podían rozar su agonía en el mar.

En esos momentos, la satisfacción compensa todos los esfuerzos y complicaciones halladas en el camino. “La ilusión de haber salvado a alguien es inmensa. Piensas: ‘si no estoy yo en ese momento, no había un plan B’. Esa es nuestra mayor recompensa”, detalla el brigada.

Muchos de los rescatados expresan inmediatamente su gratitud con gestos de afecto.

“Nos han abrazado muchos, porque ellos mismos son conscientes de que estaban en las últimas. Algunos nos dicen que ya no contaban con salir adelante. Y cuando los subimos a bordo nos dan las gracias una y otra vez. Eso te pone la piel de gallina, porque te das cuenta de la buena labor que estás haciendo”, relata.

Salvar una vida, arriesgar otra

En cada intervención los GEAS ponen en riesgo su propia integridad. Varela recuerda especialmente un servicio en Benzú, donde un compañero resultó herido mientras intentaba salvar a un inmigrante en una situación extrema y cuyas condiciones del mar eran muy desfavorables. Una ola lo golpeó -al compañero- contra las rocas y le fracturó dos costillas. “Lo salvas, pero, ¿a costa de qué?”, reflexiona.

El jefe reconoció que la vocación de su servicio público les lleva a veces a sobrepasar los límites. “Instintivamente lo llevamos en nuestra naturaleza eso de salvar una vida por encima de todo, incluso arriesgando la nuestra.

Pero tenemos que decirnos: ‘hay que frenar un poco’. Si nos quedamos en el intento, muchos otros que vienen detrás se quedarían sin ayuda”. Por eso insistió en poner una “línea roja” que evite que un rescate acabe en tragedia también para los buzos de esta unidad de la Guardia Civil.

Una familia dentro y fuera del agua

La unidad funciona como una pequeña familia, unida por la confianza y la compenetración que exige trabajar en situaciones extremas.

Esa sintonía se amplía al Servicio Marítimo, con quienes los GEAS mantienen una relación de cooperación constante. “Esto es un motor y todos somos piezas. Sin una no funciona la otra, pero no solo con Servicio Marítimo, también con muchas otras unidades”, explica Varela.

Los agentes del Servicio Marítimo están de guardia permanente en el mar, y los GEAS intervienen en operaciones más delicadas. “Ellos hacen una labor extraordinaria, y cuando no pueden acceder a un rescate, entramos nosotros. Tenemos equipos para tirarnos al agua, nadar hasta las piedras y recoger a una persona, cosa que a veces ellos no pueden hacer”.  La coordinación es total: “Nada más vernos ya sabemos cómo reaccionar cada uno. Siempre podemos contar con ellos y ellos con nosotros”

El apoyo más importante

Para Varela, el reconocimiento que supone la Medalla de la Autonomía no se entendería sin quienes más sufren en silencio: las familias de los agentes.

“Ellos son los que nos aguantan, los que nos sufren, los que están a pie. Sin ellos, si dijeran ‘yo no soporto esta presión’, ahí se acabó la jugada”. En cada aviso, la preocupación se multiplica en casa.

“Cuando sales, ellos piensan: a ver ahora qué te va a tocar. Y hasta que regresas, lo pasan mal. Como no solemos estar en contacto mientras estamos trabajando, viven ese tiempo con la incertidumbre de si llegaremos bien o nos pasará algo”.

El GEAS como grupo es conocido por todos; pero esta Unidad está formada por personas que sienten y viven situaciones de riesgo, suponiendo una gran preocupación para sus familias, por esto, el día de la entrega de la Medalla sería ideal con la presencia de estos.

Un reconocimiento a años de esfuerzo

La Medalla de la Autonomía es, en definitiva, un reconocimiento a un cúmulo de servicios realizados a lo largo de los años, algunos heroicos, otros invisibles, pero todos marcados por el sacrificio y la entrega.

Varela lo resume con humildad y gratitud: “Que te den esa palmadita tan importante nos hace estar contentos y muy agradecidos”. Y no se esconde en admitir la alegría y las ganas con las que espera el día de la entrega de este emblemático reconocimiento a nivel local.

El mar seguirá poniendo a prueba al GEAS. Ellos seguirán saltando al agua cuando alguien necesite ayuda. Pero ahora lo harán con la certeza de que su ciudad los mira con respeto y agradecimiento; y que su trabajo, además de imprescindible, ahora está visibilizado.

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