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¿Por qué fracasa el mundo? (I)

Por Joaquín Francisco Castillo Eslava
07/04/2025 - 04:15
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Imágenes cedidas

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Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, recientes ganadores del Premio Nobel de Economía, han analizado en su estudio cómo las "instituciones" afectan la prosperidad de las naciones. Según su investigación, la diferencia decisiva para el desarrollo no radica en factores geográficos o culturales, sino en la naturaleza de las instituciones. En este sentido, distinguen dos tipos principales: las inclusivas y las extractivas.

Las instituciones inclusivas permiten la participación de todos los agentes económicos en la toma de decisiones socioeconómicas, generando beneficios a largo plazo. Por el contrario, las instituciones extractivas concentran el poder en una élite, asegurando ganancias inmediatas para un grupo reducido y limitando las oportunidades para el resto de la sociedad.

En su libro "Por qué fracasan los países", Acemoglu y Robinson presentan diversos ejemplos que ilustran esta teoría. Uno de los casos más emblemáticos es el de Nogales, una ciudad dividida por la frontera entre México y Estados Unidos. De acuerdo con su análisis, los ciudadanos al norte de la frontera disfrutan de mayores oportunidades debido a las instituciones socioeconómicas de EE.UU., mientras que, al sur, las instituciones más extractivas restringen el desarrollo socioeconómico de sus habitantes. Su hipótesis sostiene que los países que buscan progreso, bienestar y democracia deben construir instituciones inclusivas, pues de lo contrario, estarán condenados a la desigualdad.

Sin embargo, el mismo año en que estos economistas fueron galardonados con el Nobel, Donald Trump, un personaje de la extrema derecha con posturas contrarias a las instituciones inclusivas, fue elegido presidente de EE.UU. Al mismo tiempo, naciones supuestamente desarrolladas, con instituciones inclusivas, enfrentan niveles alarmantes de desigualdad sin señales de mejora.

Esto no significa que el reconocimiento a estos economistas sea erróneo. Su trabajo es valioso. No obstante, la desigualdad global no se debe exclusivamente a la ausencia de instituciones inclusivas. De hecho, muchas de estas instituciones existen tanto en regiones desarrolladas como en países en vías de desarrollo, pero no han logrado garantizar mejores oportunidades para todos. En algunos casos, los Estados del bienestar han comenzado a desmoronarse, dejando aspectos clave como la educación, la sanidad, el mercado laboral y los servicios sociales bajo el control de una élite económica. Esta oligarquía concentra los recursos socioeconómicos, lo que limita la movilidad social y las oportunidades de las mayorías.

"Además, la mala gestión de recursos y la corrupción han erosionado aún más la confianza en estas instituciones"

¿Significa esto que las instituciones inclusivas están mal planteadas? No necesariamente. Sin embargo, en un mundo globalizado, la inclusión no solo debe ser un esfuerzo a nivel nacional, sino que también debe extenderse al ámbito internacional. En este punto, los galardonados con el Nobel parecen no haber profundizado lo suficiente.

Las instituciones internacionales como la ONU, el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea (UE) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) ¿pueden considerarse inclusivas? Todo indica que no. A pesar de los avances sociales logrados desde la Segunda Guerra Mundial, el mundo sigue sumido en una profunda desigualdad, con sociedades polarizadas, conflictos bélicos crecientes, desinformación promovida por élites e intereses corporativos, crisis migratorias y un cambio climático que compromete el futuro de las próximas generaciones. Desde la década de 1980, las instituciones internacionales han adoptado políticas neoliberales que han debilitado sus principios fundacionales.

Originalmente, estas organizaciones fueron creadas para financiar la reconstrucción de Europa y los países del sur global, garantizar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional y fomentar la integración socioeconómica. Sin embargo, con el tiempo, estos objetivos fueron traicionados por la implementación de políticas de ajuste estructural caracterizadas por la reducción del gasto público, la privatización de servicios esenciales y la liberalización económica. Además, la mala gestión de recursos y la corrupción han erosionado aún más la confianza en estas instituciones.


Uno de los problemas más graves ha sido el endeudamiento excesivo de los países en desarrollo bajo condiciones draconianas, con tasas de interés reducidas a cambio de la imposición de políticas neoliberales. Esto ha generado una dependencia estructural que ha limitado el crecimiento de estos países y ha afectado sectores clave como la salud, la educación y la infraestructura.

Las consecuencias han sido devastadoras: la brecha entre el norte y el sur global se ha ampliado, al igual que las desigualdades dentro de los países desarrollados. La falta de instituciones inclusivas a nivel global ha convertido la desigualdad en un problema universal sin soluciones inmediatas. Ejemplos de ello incluyen los ajustes estructurales en América Latina tras la crisis de la deuda de los años 80, que convirtieron a la región en la más desigual del mundo; la persistente hambruna y los conflictos en África, a pesar de décadas de asistencia financiera; y la precariedad laboral en Europa tras la crisis de 2008, que ha reducido drásticamente el poder adquisitivo de los trabajadores.

En este contexto, es relevante analizar el papel de la OMC

El fracaso de las instituciones internacionales ha alimentado la desconfianza social, lo que ha impulsado el auge de la extrema derecha en muchas regiones. Además, ha favorecido la proliferación de nuevos actores globales como los BRICS, con China y Rusia a la cabeza, que presentan un modelo económico basado en derechos sociales y laborales que desafía el orden occidental.

En este contexto, es relevante analizar el papel de la OMC. Su propósito inicial fue liberalizar el comercio internacional y garantizar reglas equitativas para todos los países. No obstante, décadas después, el mundo sigue enfrentando enormes desigualdades económicas. Existen cuatro razones fundamentales para este fracaso:

1. Inequidad en las negociaciones: Los países con mayor capacidad de negociación imponen acuerdos comerciales que favorecen a sus intereses, dejando a las economías más débiles en desventaja.

2. Liberalización asimétrica del comercio: Mientras los países desarrollados exigen la eliminación de barreras comerciales en el sur global, continúan protegiendo sus propias industrias clave, como la agricultura y la tecnología.

3. Impacto negativo en la agricultura y la industria local: Los subsidios agrícolas en EE.UU. y la UE distorsionan los mercados y perjudican a los productores de países en desarrollo.

4. Falta de regulaciones laborales y ambientales: La OMC no ha priorizado la protección de los derechos laborales ni del medio ambiente, lo que ha llevado a una "carrera hacia el abismo" en busca de menores costos de producción.

En consecuencia, la OMC no ha logrado reducir la desigualdad económica y ha erosionado la confianza en el sistema global. Esta desconfianza ha sido aprovechada por líderes como Trump, quien ha impulsado políticas proteccionistas contrarias a los principios de la OMC.

Además, la OMC ha consolidado un modelo en el que los países desarrollados dominan la producción de bienes de alta tecnología, mientras que las naciones en desarrollo quedan relegadas a sectores primarios con condiciones laborales precarias. La deslocalización ha beneficiado a los accionistas de grandes corporaciones, pero ha debilitado la estructura productiva de Occidente. Como resultado, incluso economías poderosas como la alemana han comenzado a sentir los efectos negativos, mientras que los BRICS han emergido como una alternativa al modelo tradicional.

En definitiva, la crisis de las instituciones internacionales y el auge de nuevas potencias demuestran que el mundo enfrenta un cambio de paradigma. Si no se replantea el sistema global con instituciones verdaderamente inclusivas, la desigualdad seguirá profundizándose con consecuencias impredecibles para la estabilidad social y política del planeta.

X la revolución de los desiguales…

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