Hacía años que no seguía en directo el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas. Motivos, muchos, pero, en 2016, la situación era la idónea, no en vano El Faro TV realizaba su bautismo en una retransmisión de estas características.
Y lo cierto es que se me hizo menos pesado que en otras ocasiones, quizás porque para una final, un total de ocho agrupaciones es más que suficiente. Y eso que se cayeron dos que al final no vinieron.
Sin embargo, sentí vergüenza ajena cuando Olga Martí salíó al escenario del Auditorio del Revellín hacia las tres y diez de la madrugada y el panorama era desolador. Nada más que esperaban los medios de comunicación para conocer el fallo del jurado. En muchas ocasiones, la espera se hace pesada, porque no es la primera vez que desde el punto y final de la última agrupación hasta que se dan a conocer los resultados, ha llegado a pasar hasta una hora, lo cual también es mucho. Entiendo que por parte del público es una falta de respeto hacia las agrupaciones, que a los cinco minutos de terminar la última agrupación no quedaba nadie ni en el patio de butacas ni en el anfiteatro. Pero nadie de nadie. Esas agrupaciones han dejado muchas horas de su tiempo libre en los ensayos y al igual que por parte del público se le exige siempre a quien se sube a un escenario el respeto adecuado, también de manera contraria. Lo mismo que se debe mantener un respeto lógico mientras dura un espectáculo, entre ese respeto entra el esperar hasta que se ofrezca el resultado. E incluso, la organización debería disponer de algún tipo de entretenimiento para hacer menos tediosa la espera. Es una idea que pueden tenerla en cuenta para próximas ediciones.
De todas maneras, menos mal que se puso punto y final a esa costumbre de regalar dos entradas a cada miembro de las agrupaciones y al final, el teatro, en la práctica, se llenaba con los familiares de los comparsistas y chirigoteros. En cuanto que actuaba su agrupación tomaban las de Villadiego y cuando no se había llegado a la mitad del COAC, ya estaba el auditorio más que vacío. Se cambió el sistema y ahora todo el mundo debe acudir a sacar las entradas, no hay regalos de por medio.
La verdad, que haya más respeto a esos comparsistas y chirigoteros que se suban al escenario, porque una imagen como la del domingo a las tres y diez de la madrugada es más que lamentable.





