El joven O.Z., nacido en Tetuán, pensó que podía engañar al sistema haciéndose pasar por menor para disfrutar de las prestaciones dispensadas a este colectivo de extranjeros no acompañados. Así, tras cruzar a Ceuta, ocultó su carné de identidad y el de conducir de Marruecos ingresando en un centro de menores.
Su falsedad fue descubierta y este martes el tribunal de la Sección VI de la Audiencia Provincial de Cádiz en Ceuta le ha condenado por estafa.
El joven, que ha declarado a través de videoconferencia, ha aceptado una condena de 1 año de prisión, que queda suspendida por un periodo de dos años condicionado a que no cometa otro delito y a que abone la responsabilidad civil de 3.710 euros a favor de la Ciudad Autónoma.
Se le impone también una multa de 6 meses con una cuota de 5 euros diarios.
O.Z., que el pasado febrero cumplió 25 años, ocultó su carné de identidad y el de conducir a las autoridades españolas, manifestando a los guardias civiles y a la Fiscalía que había nacido en 2005. Es decir, cinco años después de la fecha en la que lo parieron.
Su intención era que no lo expulsaran, fingiendo ser un menor para disfrutar de las prestaciones y ayudas que perciben los menores extranjeros no acompañados.
O.Z. logró inducir a error y que se dictara un decreto por el que fue declarado menor de edad, al considerar que había nacido en 2005 y no en el año 2000.
Se le derivó a uno de los recursos de protección para menores, cuando ese no debió ser su destino.
Una vez allí, y a pesar de que tenía en su poder los documentos que constataban que era mayor de edad, siguió en el centro disfrutando de prestaciones que son solo para los menores hasta que se le encontró su documentación original, destapándose toda la estafa.
El joven estuvo en ese recurso 53 días, generando un coste a la administración de 70 euros por día lo que se eleva a 3.710 euros.
Durante ese periodo pudo engañar al sistema, haciéndose pasar por un menor cuando en realidad era adulto.
Finalmente, al descubrirse la estafa en la que había incurrido, se le ha condenado en una resolución judicial que viene a significar cómo la Justicia sanciona el uso indebido de unas prestaciones que están ideadas para atender solo a los menores, no a quienes intentan aprovecharse de esa situación.
El joven ha aceptado la pena impuesta después de reconocer el delito. No fue necesaria la celebración de la vista oral que se había señalado en la Audiencia este mismo martes, al existir un acuerdo entre las partes por lo que se aplicó la figura jurídica de la conformidad.
Esta sentencia se dicta además en un periodo de sobreocupación de los centros. Ceuta sufre una presión notable de menores extranjeros no acompañados, lo que le ha llevado a tener que habilitar recursos para poder atenderlos a todos.
Así, al centro de La Esperanza vinieron a sumarse otros como las naves del Tarajal o los recursos establecidos en Piniers. Allí se ha dado la acogida a todos los menores que llegaron bordeando los espigones.
Que alguien se aproveche de esos recursos supone una estafa a la administración, como ha sucedido en este caso, pero además lastra la atención que se debe ofrecer a otros niños que realmente sí necesitan de esos recursos económicos y asistenciales.
Se da, por tanto, un uso perverso de las disposiciones de las que puede echar mano la administración pública.
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