La gran familia de la Guardia Civil en Ceuta y los vecinos de la calle Nicaragua despiden con profundo dolor a Rafa Muñoz, fallecido en Jerez a los 59 años.
Aunque su estado de salud se había deteriorado en los últimos meses, la noticia de su muerte ha sido un duro golpe entre quienes compartieron con él décadas de servicio, amistad y compromiso.
Porque Rafa no fue solo un guardia civil. Fue, ante todo, una de esas personas que dejan huella por su forma de ser, por su cercanía y esa disposición permanente a tender una mano a quien lo necesitara. Su ausencia deja un vacío difícil de llenar.
Hijo del Cuerpo
Su vida estuvo ligada desde el principio a la Guardia Civil. Hijo de guardia civil y hermano de guardias civiles, creció con los valores del servicio, la lealtad y la entrega profundamente arraigados.
Durante toda su trayectoria profesional permaneció vinculado a Ceuta, donde desarrolló gran parte de su carrera en la Unidad Orgánica de Policía Judicial, ganándose el respeto de sus compañeros y el reconocimiento de quienes trabajaron a su lado.
En los últimos años de servicio encontró quizá una de las facetas más humanas de su profesión. Destinado en la oficina de Acción Social de la Comandancia, se convirtió en un apoyo fundamental para muchas viudas y familias de guardias civiles fallecidos.
En momentos especialmente difíciles, cuando el dolor lo invade todo, Rafa estaba allí para orientar, acompañar y ayudar con los trámites que había que afrontar. Lo hacía con la misma discreción con la que actuó siempre, sin buscar protagonismo, simplemente porque entendía que nadie debía sentirse solo.
Por eso, desde la Comandancia, muchos lo recuerdan como un auténtico “hijo del Cuerpo”. Un compañero leal, comprometido y generoso que siempre encontraba tiempo para los demás.
Implicado en el movimiento vecinal
Pero su vocación de servicio no terminaba al quitarse el uniforme. También fue una figura muy querida en la Asociación de Vecinos de la calle Nicaragua, a la que permaneció vinculado desde su creación, hace una década, hasta sus últimos días
Participó activamente en la vida de la entidad, desempeñando incluso el cargo de tesorero, y nunca dejó de preocuparse por los problemas y necesidades de su barrio.
La Junta Directiva ha querido despedirle con unas palabras cargadas de emoción: “Lamentamos profundamente el fallecimiento de nuestro querido compañero Rafa Muñoz. Queremos trasladar nuestro más sentido pésame a su familia y seres queridos. Rafa será recordado por su cercanía, su compañerismo y su compromiso con nuestra asociación y con el barrio. Su recuerdo permanecerá siempre entre nosotros”.
A ese compromiso sumó también su activa participación en la delegación ceutí de la Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de Guardias Jóvenes, los conocidos como “Polillas”.
Desde que se fundó la Delegación en Ceuta, hace 19 años, estuvo presente en encuentros, actividades y proyectos, manteniendo vivo el espíritu de compañerismo que siempre le caracterizó.
Tal y como puntualiza Alfonso Vega, dirigente de la asociación Polillas de Ceuta, siempre estuvo al lado de la entidad desde su creación. Era una persona comprometida con todas las acciones que se organizaban.
Hoy quienes lo conocieron bien no hablan de sus cargos ni de sus méritos profesionales. Hablan de la persona. Del amigo que siempre estaba. Del compañero que ayudaba sin pedir nada a cambio. Del vecino que se preocupaba por los demás. Del hombre bueno que dedicó su vida al servicio público y a su comunidad.
Ceuta despide a Rafael Muñoz con tristeza, pero también con gratitud. Porque hay personas que, incluso cuando se marchan, permanecen para siempre en la memoria de quienes tuvieron la suerte de cruzarse en su camino. A buen seguro que Rafa fue una de ellas.






