Las risas, los juegos y el ambiente de convivencia tomaron este fin de semana Miramar Alto, donde la asociación de vecinos organizó una miniferia de verano que reunió a cerca de un centenar de personas entre pequeños y mayores. En total, participaron alrededor de 40 niños y niñas y unos 60 adultos, en una iniciativa que buscaba ofrecer una alternativa de ocio en el propio barrio y acercar a los más jóvenes la esencia de las ferias tradicionales.
Durante cuatro horas, los participantes pudieron disfrutar de las clásicas tómbolas de toda la vida, con actividades como el juego del patito, lanzamiento de pelotas, dardos, canastas o el popular reto de derribar latas.
A ello se sumaron las camas elásticas de la propia asociación, convirtiendo el espacio en un punto de encuentro para numerosas familias.
Una tarde de diversión para toda la familia
La filosofía de la actividad fue clara desde el principio: lo importante no era ganar, sino participar. Por ello, todos los niños recibieron un premio asegurado al finalizar los juegos.
Los organizadores prepararon un importante surtido de juguetes y regalos gracias al esfuerzo económico realizado por la entidad y a la colaboración de los propios vecinos. La respuesta fue masiva, con una elevada participación tanto de menores como de padres y madres que se implicaron en el desarrollo de la jornada.
El objetivo era sencillo pero ambicioso: crear momentos de convivencia, fortalecer los lazos entre vecinos y ofrecer a los más pequeños una experiencia lúdica en su propio entorno.
Meses de preparación detrás de cuatro horas de actividad
Aunque la feria se desarrolló en una sola tarde, detrás de ella había un largo trabajo de planificación. La iniciativa fue impulsada principalmente por Mohamed Faridi, vecino y miembro de la Junta Directiva de la asociación, quien llevaba más de un año trabajando en la idea.
La compra de materiales, la organización de los juegos, la preparación de los premios y la coordinación de todos los detalles requirieron meses de esfuerzo para que la actividad pudiera celebrarse con éxito.
Por este motivo, la asociación quiso reconocer públicamente su labor durante la jornada, destacando su compromiso con el barrio y su implicación en la puesta en marcha de proyectos comunitarios.
El espíritu del movimiento vecinal
Desde la asociación explican que la miniferia representa la esencia del movimiento vecinal: dedicar tiempo y esfuerzo a mejorar el entorno y generar espacios de convivencia sin esperar nada a cambio.
La actividad forma parte de una programación más amplia prevista para este verano, con nuevas propuestas destinadas a fomentar la participación ciudadana y la vida comunitaria en Miramar Alto.
Para los organizadores, invertir tiempo en los niños, las niñas y las personas mayores del barrio es una de las mejores formas de construir comunidad y fortalecer las relaciones entre vecinos.
Una reivindicación sobre las subvenciones
Junto al balance positivo de la actividad, la asociación también aprovechó para poner de manifiesto las dificultades que encuentran muchas entidades vecinales a la hora de financiar este tipo de iniciativas.
Aunque agradecen las subvenciones que reciben por parte de la Ciudad para desarrollar proyectos sociales y culturales, denuncian que los plazos para percibir esos fondos obligan en muchas ocasiones a adelantar el dinero con recursos propios e incluso con aportaciones personales de los propios vecinos.
Una situación que, aseguran, complica la organización de actividades y supone un esfuerzo añadido para quienes trabajan de forma altruista por mejorar la vida de sus barrios. A pesar de ello, destacan que la ilusión y el compromiso de los vecinos siguen siendo el motor que permite sacar adelante proyectos como esta miniferia de verano.






