Como poseído por el Diablo, quizá fuera de su sano juicio; tal vez contagiado por el funesto virus de la enajenación mental, Asier Etxeandia se proclamó anoche monarca absolutista de un lugar imaginario, de una pradera de colores, hogueras y gritos en el cielo, Rey Absolutista del País de la Locura. Porque su actuación en el Teatro Auditorio del Revellín fue, más allá que un mero espectáculo artístico, suponiendo este hecho ya de por sí un premio para el ser humano, una excelsa manifestación de júbilo de alma y exaltación anímica, fruto de la bendita mezcla que produce el baile, la música, la palabra, el ingenio, la risa, la originalidad, el cabaret. Es decir, donde nada tiene sentido si no es el arte quien dé cuerda al reloj de la existencia.
‘En este teatro está permitido bailar’, rezó por unos momentos el mensaje del cartel que colgaba del techo y flotaba en el ambiente como nubes de espíritus sobre fondo dorado. Y tanto que estaba permitido el baile pues, contagiado por el carisma de Etxeandia, una bestia sobre el escenario, y por su arrollador talento, el público presente que abarrotó el teatro se levantó en una y mil ocasiones de su butaca para dejarse llevar, como marioneta de madera, por hilos movidos por la voz negra del artista y el sonido artesanal creado por una banda con aires de Nueva Orleans: al piano, Guillermo González, en el contrabajo, Enrico Barbaro; dueño de la música electrónica y percusión, Tao Gutiérrez.
Cimentado en versiones clásicas y temas originales, el ‘show’ ofreció el billete para embarcarse en un viaje emocional fresco e intenso; genuino y genial; teatral y crudo. Una travesía que en la que se aventuraron a unirse Kurt Weill, Héctor Lavoe, Lucho Gatica, Chavela Vargas, La Lupe, Gardel, Talking Heads, David Bowie o los Rolling Stones, figuras y bandas que, donde estuvieran, bien en una habitación, bien en el averno, bien en el parque, de asistir a un espectáculo de Etxeandia, a buen seguro que se sentirían complacidos por la puesta en escena y el alma que desde anoche constituyen un nuevo país, lleno de locura, donde reina un rey con todas las de la ley: Asier Etxeandia.








