Lo tenían todo bien montado. Espiaban al Servicio Marítimo de la Guardia Civil para ver dónde estaban sus patrulleras, disfrazaban sus salidas en embarcaciones de recreo con el siempre recurrente arte de la pesca y mientras tanto escondían a los inmigrantes en casas preparadas en Ceuta antes de materializar el pase, bien pagado, a la Península.
Desde el año 2022 estuvieron viviendo de la explotación más antigua que se conoce, la de las personas. Preparaban salidas sin saber que ya el Servicio de Información de la Guardia Civil estaba tras sus pasos.
La operación Barquera, que de momento ha dejado a 11 personas en prisión preventiva, entre ellas los 5 supuestos líderes de todo este entramado asociado al tráfico de inmigrantes de Marruecos a Ceuta y de Ceuta a la Península, saca a la luz el perfecto engranaje que alimentaba una máquina de delinquir que ponía en riesgo a personas trasladadas sin ninguna medida de seguridad.
Pero no solo eso, el propio Servicio de Información de la Guardia Civil recoge en uno de los informes evacuados al juzgado que ha instruido este procedimiento el temor a que la red pudiera hacer llegar a la Península a personas con antecedentes graves o con prohibiciones de entrada en España por delitos de envergadura.
La investigación protegida por el secreto de sumario que llevó a cabo el Instituto Armado recoge en un croquis a todos los participantes en este entramado delincuencial, situando a 5 personas en la cúpula en cuanto a la toma de decisiones, algunas incluso con antecedentes por tráfico de inmigrantes.
A ellos se les suman lancheros y colaboradores en la captación de inmigrantes y logística para mantenerlos ocultos.
Entre ellos hay relaciones familiares (hermanos, y padres con hijos, por ejemplo). Muchos son marroquíes residentes en Ceuta, en situación regular en España, que habían sentado las bases de una organización para facilitar embarcaciones para los pases, prepararlas, controlar las costas, vigilar al Servicio Marítimo y alojar a los inmigrantes previo pago, en solo un inicial paso, de 5.000 euros por cabeza. Mil se los llevaba el lanchero.
La Guardia Civil la califica de organización “perfectamente estructurada y extendida en el tiempo”, con seguimientos a la misma desde 2022.
El 14 de abril de ese año, tuvo lugar un auxilio en el mar a una embarcación que prestó fallo en el motor. Los 3 ocupantes eran en el fondo miembros de la organización.
Durante la investigación realizada por la Guardia Civil, a la que ha tenido acceso El Faro, se recoge gran cantidad de seguimientos, grabaciones, captación de fotografías…
Se hizo un análisis al detalle de todos los pasos que se daban. De cómo probaban las embarcaciones antes de cada traslado o de cómo acudían a las viviendas-zulo para esconder a los inmigrantes, así como bolsas de comida, colchones o mobiliario.
La organización tenía una logística específica para salvaguardar a esas personas. No porque importaran sus vidas, sino más bien su dinero. Les llevaban agua y comida para mantenerlos el tiempo considerado necesario antes de partir a la Península. Los agentes controlaron viviendas en la zona del Recinto además de en Poblado Sanidad.
Antes de cada pase, los implicados llevaban a las embarcaciones elementos para la práctica de la pesca. Un método usual empleado para camuflar la que, en el fondo, es su actividad principal: la inmigración ilegal. Si eran interceptados tenían la excusa perfecta: iban a pescar.
Los inmigrantes eran trasladados en coches al puerto deportivo, en donde estaban las embarcaciones ya preparadas para su carga y ocultación.
Antes, colaboradores de la red vigilaban tanto el entorno de los pantalanes como la base del Servicio Marítimo del puerto pesquero para alertar de la presencia de patrulleras que pudieran intervenir en el momento de ejecutarse la salida.
Los investigadores han ido incluyendo en la ‘Barquera’ varios pases atribuidos a esta organización para cuyo desmantelamiento participaron agentes de distintas unidades, amén de Información y Policía Judicial.
Si los lancheros eran detenidos en pleno pase, llegaba el momento de la recuperación de los barcos usados. Para ello había miembros que se encargan de dicha labor, de denunciar el supuesto robo de esa embarcación para recuperarla y seguir usándola para cometer delitos.
Los que espiaban a la Guardia Civil se situaban en puntos concretos como la playa de la Bolera para observar la salida de las patrulleras de la bocana y todo el canal de navegación. Otros se posicionaban justo frente al puerto pesquero para espiar los movimientos de los agentes más próximos. Si veían algún movimiento extraño alertaban al lanchero para abortar cualquier salida.
Son labores de contrainteligencia y vigilancia para conocer las patrulleras del Servicio Marítimo de Ceuta e incluso poder constatar cuáles pueden ser los horarios más frecuentes en los que se sale con embarcación y cuál puede ser su capacidad de reacción.
Todos los miembros de la organización se mantenían informados de cualquier incidencia para garantizar la viabilidad de unos pases convertidos en una maquinaria para obtener beneficios económicos. Así también, existía esa constante relación con los cooperadores en Algeciras, realizándose viajes continuados para cruzar el Estrecho.
Tal y como detalla la Benemérita en sus investigaciones, a ninguno de los implicados se le conoce trabajo ni obligaciones que les obliguen a viajar con tanta frecuencia a la Península, con viajes de ida y vuelta en ferry de forma asidua y en un espacio corto de tiempo.
Dichos viajes son considerados motivos para las reuniones de los miembros de la organización con vistas a preparar la logística necesaria en la Península a la hora de realizar los pases de inmigrantes en situación irregular.
La organización ajusta algunos de sus traslados a días de intensa niebla y además tiran de un modus operandi en el que cuidan todos los detalles.
Mientras unos se encargan de disponer la embarcación y llevarla hacia la altura del Puente Cristo, otros preparan el cambio de piloto y la carga de inmigrantes.
Son conocedores de las estrategias que deben tomar para evitar la correcta identificación y obtención de evidencias por parte de la Guardia Civil para poder determinar los miembros que conforman las mismas.
Es por ello que las embarcaciones salen del puerto deportivo de Ceuta hasta otro punto de la costa ceutí patroneadas por unos pilotos que posteriormente hacen un cambio de tripulación los cuales sí son los encargados de realizar el trayecto hasta la península.
Este relevo de pilotos por parte intenta dificultar la trazabilidad en la identificación de los autores por parte de la Guardia Civil, lo que pone de manifiesto que tanto los patrones encargados de sacar la embarcación del puerto, como los que realizan el trayecto hasta la península, forman parte de una misma organización, coordinados y orquestados para cometer los hechos delictivos tomando las máximas medidas de precaución y seguridad posibles.
Tras años de investigación se determinó la fase estelar del operativo marcada por las detenciones y entradas y registros. De momento, la justicia ha respondido con las medidas más gravosas como son las órdenes de entrada en prisión. Aún no se da por terminada esta investigación.
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