Categorías: Opinión

Esperanza en Fuerteventura

He puesto mi alma del revés en busca de las claves que me permitan tener la esquizofrenia bajo control. He devuelto al silencio palabras insinceras, y he sentido el valor de la oportunidad que se me brinda.

He mirado alrededor por si alguna voz me observaba, y justo en ese instante recibo una llamada fenomenal: Andrés Mendoza, de Salud Mental Canarias, me invita a participar en una ponencia sobre mi experiencia de empoderamiento. Conocer Fuerteventura.
Albergo la sensación de que estoy en mi sitio alentando a los afectados por la enfermedad mental desde mi experiencia de éxito (cruzo los dedos).
Ello me obliga al estudio, a doblar los codos, y a dotar de salidas a mis argumentos; vaya a defraudar y pueda ser que mi autoestima se resienta. Sin embargo, el principio es inequívoco: hay que dar la buena nueva de la esperanza desde el primer momento (el caso contrario es la rendición).
Ya en el atril intento conciliar la voz con los pensamientos, en ese difícil arte que es la oratoria.
Varias ideas hay que difundir en este tipo de foros, donde acuden técnicos a empaparse de las últimas tendencias, pero también afectados y familias que acaban de conocer la enfermedad mental y no encuentran qué camino tomar.
A estos últimos me dirigí cuando afirmé que la vida es una experiencia de aprendizaje, de tal manera que, si nos encerramos en casa, la mente se vacía y no adquiere herramientas para evolucionar. Es necesario sacudirse los complejos y salir a la calle, dar la cara. Al principio la sociedad de la información es una “jaula de grillos” pero luego los pensamientos se seleccionan y puede verse la luz al final del túnel.
También hablé del paradigma de la generosidad, como única forma de entender la enfermedad mental, en una sociedad ya de por sí híper competitiva. A saber: “Todo el mundo tiene algo que aportar a la sociedad. Y labor pequeña no existe, pues amor hay en las manos”. Fuera de aquí la normalización es inentendible.
Pero lo que más gustó fue mi axioma hablando de la conducta para una buena salud mental: “La sinceridad es un hábito de vida saludable”. Es la mayor enseñanza que me llevo de la vida, no obstante su defecto, en mi edad universitaria, me llevó a la postración.
Por lo demás os digo que los canarios son gente amable como ninguna, y de un habla riguroso. Le dan mucha importancia a la expresión oral. Y sobre todo me trataron como a un rey.
Al norte, las playas interminables, que un día me vieron llegar.

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