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La resurrección de Tejero

Corría el anoo domini 1981, era 23 de febrero y se votaba la investidura de Calvo Sotelo. Un guardia Civil con bigotes y pistola en mano apuntó en la nunca del Presidente del Congreso Landelino Lavilla. “Todos al suelo”. España y el mundo asistieron a la posible involución de una democracia que contaba con pocos años de vida.

Lo sucedido esta semana nos puso el corazón en vilo y el alma encogida: un diputado subido al estrado del Congreso, donde se sitúa la mesa increpó una letrada y luego al presidente de la cámara. El parlamentario era el miembro de Vox José María Sánchez. Este juez en excedencia, catedrático de Derecho Canónico y jurista de larga trayectoria, tiene un recorrido académico y profesional en el ámbito del Derecho, tanto en España como en el extranjero.

Jose María Sánchez, ni corto ni perezoso, al habérsele negado la palabra se tomó la libertad de “tomar el parlamento” faltando a las formas, al decoro, al respeto, a las normas, a los juristas, a los diputados y al presidente de la cámara.

Nunca, con la excepción de Antonio Tejero, la historia parlamentaria fue testigo de un episodio tan dantesco.

Tal vez no fue lo peor pues citando a Ghandi: “Mas que las acciones de los hombres malos me duele el silencio de los hombres buenos”.

Feijóo no quiso pronunciarse pues “estaba en otros asuntos”, Vox “aplaudió justificando” a su compinche de filas y el PP lo condenó con una coletilla justificando lo mal que funciona el parlamento y el poco respeto que le tiene el Jefe del ejecutivo.

Al PP, Vox le ha puesto una pistola imaginaria en la cabeza pues cualquier posibilidad de gobernar pasa por el fascismo más recalcitrante y contundente que está en el mercado electoral. .

Mientras que la izquierda agoniza la extrema derecha prepara su asalto al poder. Si ayer asistimos al espectáculo más bochornoso , lo que sucederá cuando gobiernen, cuando se sienten el el consejo de ministros, cuando deroguen derechos como la eutanasia o el divorcio, cuando nieguen el cambio climático, cuando no exista institucionalmente la violencia de género.

¿Qué pasará con los sindicatos, con la cultura, con la enseñanza, con la vivienda, con la libertad de expresión?

¿Será el portavoz del Gobierno Vito Quiles? ¿Irán a la cárcel las mujeres que aborten? ¿ Nombrarán a Israel aliado incondicional? ¿Apoyarán a Trump para que le otorguen el premio Nobel? ¿Cómo será la televisión pública? ¿Los fondos buitre serán bienvenidos?

Imaginemos que el diputado susodicho es elegido presidente del congreso o ministro de justicia. La primera medida simbólica será exhumar al dictador y devolverlo al valle de los caído.

Lo ocurrido en el congreso es un ejemplo de la distopía.

Poca vida le auguro al cañonazo.

Valga la metáfora: “nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto”.

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