La del enunciado es una de esas preguntas retóricas que te encuentras de sopetón en una sala de triaje de urgencias a las dos de la tarde. Son las fiestas pasadas y la gente que no sabe beberla, que se caen, se parten media jeta y luego van echándole la culpa a todo el mundo. La cara del pobre segurata era de película de Berlanga. La de los demás, de miedo. Los violentos es lo que provocan, más cuando has acudido al Servicio de Urgencias porque estás realmente mal. Pero el Hospital de Puerto Real está muy saturado y el Presupuesto andaluz no prevé que mejore ni en el tratamiento de enfermedades, ni para personal sanitarios, ni para bolsas, ni para eir, ni mir, ni contrataciones, ni puñetas. Resultado… que así nos va con colas de horas esperando para que te atiendan, con gente malhumorada que la paga con quién no debe y trabajadores que se dejan la piel en jornadas interminables, horas mal pagadas y muchas guardias. Es complicado resolver este puzle más que echándole dinero, que debería ser inexcusable para una Sanidad Pública que era la mejor de todas y que se nos ha quedado esquilmada y rota con los hospitales concertados frotándose las mangas blancas.
El etílico del “eres tonto o qué” tenía toda la razón porque no protestamos dónde debemos, ni nos quejamos con quién debemos.
"Así nos va con colas de horas esperando para que te atiendan, con gente malhumorada que la paga con quién no debe y trabajadores que se dejan la piel en jornadas interminables, horas mal pagadas y muchas guardias"
Cuando vamos a un hospital concertado nos encanta su parafernalia de numeritos musicales y mucha tontería, pero poca sapiencia y menos doctoranda. Solo decir que en uno de estos Centros le pusieron a mi hija tal banderilla para el dolor que dio tres pasos tras el alta y sucumbió, no al hechizo del amor, sino al derrapaje de partirse media cara contra el suelo. Cosas de los privados no se me asusten, que hay muchos casos como ése y muy pocos medios a lo Público donde va todo lo que echan para fuera los concertados. Pasa igual en los colegios, pero a los papás les encantan los niños uniformados, las procesiones en diminutivo y el día de la paparruchada de las que me he librado, porque ya los tengo a todos quitados de primaria secundaria y bachillerato. No digo que no me importe, sino que ya no lo tengo que sufrir. En cambio, la Sanidad -que es de todos y para todos- cómo no le demos un buen repaso de peleas, broncas, manifestaciones y mucha concienciación ciudadana de lo que queremos hacer con nuestros impuestos, nos veo a todos haciendo cola, amarrados a una camilla en un pasillo cualquiera. Hemos trabajado y pagado impuestos, somos usuarios, ciudadanos comprometidos, por ende, pero nunca peleamos por nada y así nos va. ¿Somos tontos o qué?, como decía el de la cabeza rota mientras con su zurda enseñaba la sangre y decía que dónde se lo habían hecho , porque el muy infeliz no se acordaba de la cogorza que embestía por banda. Así estamos nosotros, embutidos, resentidos y solo quejosos cuando tenemos que esperar por largas horas para que nos atiendan en una Sanidad que boquea muerte anunciada porque ni pagan profesionales, ni dan trabajo de calidad, ni tienen condiciones aceptables, ni servicios eficientes, sino que reportan y conciertan, con millones voladeros que buscan papeletas electorales sin continuidad de salud porque los privados no buscan sanar sino muchos euros de ganancia.






