En su primera entrevista después de recurrir la sentencia del 11-M, el abogado donostiarra habla para ‘El Faro’ de las claves de la absolución de su cliente, para quien la Fiscalía pedía un total de 38.656 años

La defensa de uno de los hombres más odiados por la sociedad durante el trascurso del 11-M, Rabei Osmán El Sayed ‘El Egipcio’, le situó en el punto de mira de los medios de comunicación del país. Durante el procedimiento ha sido uno de los letrados más destacados por haber ejercido la defensa de acusados de las tramas asturiana y jihadista. Siete meses después de que el presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, dictara sentencia, Zulueta destapa para ‘El Faro’ el proceso llevado a cabo y los momentos más destacados de la vista oral. Con un trato respetuoso a la vez que amigable en las distintas conversaciones mantenidas con este medio, el donostiarra trasmite su pasión por la profesión y contesta con serenidad todas la cuestiones en la primera entrevista concedida después de recurrir la sentencia.

–Usted se vio inmerso en el denominado ‘caso Segi’, una organización juvenil perteneciente a la izquierda abertzale. En el mismo tuvo que defender a una joven que había estado vinculada al grupo feminista ‘Egizan’. A lo largo del juicio la Fiscalía le retiró las acusaciones y su cliente resultó absuelta. Después pasó a ser el defensor de Rabei Osmán El Sayed ‘El Egipcio’ en el juicio del 11-M, quien finalmente también fue absuelto. ¿Recuerda de una manera muy distinta dichos procedimientos?

–Intento poner todos mis conocimientos profesionales y mi capacidad dialéctica al servicio de los intereses de mis clientes, y en la salvaguarda del derecho fundamental a la defensa, en cualquier asunto en el que intervengo, al margen de la gravedad de la imputación realizada. Cuando una persona deposita su confianza en ti, en su abogado, en un asunto en el que está en juego su libertad (el bien más preciado que tenemos después de la vida), debes poner siempre, y en todos los casos, toda la carne en el asador. Sin perjuicio de que, obviamente, cada proceso requiera una respuesta diferente.

–La Fiscalía de la Audiencia Nacional reclamaba para ‘El Egipcio’ un total de 38.656 años de cárcel al considerarlo uno de los cerebros que idearon la masacre de Madrid, ¿entiende que ha sido para usted un triunfo que finalmente fuera absuelto?

–Muchos medios calificaron su absolución como la “sorpresa” de la sentencia, lo cual me parece sumamente preocupante. El hecho de que se absuelva a una persona al no haberse presentado pruebas suficientes para desvirtuar su presunción de inocencia, derecho fundamental recogido en la Constitución, y del que gozamos todos los ciudadanos de este país, al margen del delito que se nos impute, debería ser entendido como un hecho normal. No es un triunfo personal, es, al menos por esta vez, el normal funcionamiento del sistema del que nos hemos dotado.

Zulueta (a la izquierda), conversa con familiares de las víctimas. Cedida

–¿Por qué aceptó defenderle y por qué creyó después en su inocencia?

–Para asumir la defensa de un asunto tan complejo, y de tanta trascendencia, más allá de lo jurídico, de un asunto como este, se analizan muchos y variados factores. El hecho de que la prueba que reina contra él fuera obtenida tras la colocación de micrófonos en el interior de su domicilio, lo que, a mi juicio vulnera derechos fundamentales; el que dos abogados hubieran renunciado previamente a su defensa; el apreciar que era una persona que ya había sido condenada social y mediáticamente antes de comenzar la vista; el reto profesional y personal que ello suponía…

Cuando un abogado asume una defensa no sabe a ciencia cierta si su cliente tiene o no tiene alguna responsabilidad en los hechos que se le imputan, la labor de juzgar está encomendada a otras personas. Lo que sí debe hacer es protegerle de las acusaciones y debatir en juicio si las pruebas aportadas son suficientes para fundamentar una condena, si han sido obtenidas dichas pruebas con garantías, etc. Todas las personas de este país son inocentes hasta que una sentencia firme diga lo contrario, es un derecho fundamental, que también lo ostenta Rabei Osmán.

Si bien es cierto que, conforme iba conociendo más datos del sumario fui llegando a la convicción de que Rabei Osmán no tiene relación alguna con los hechos que le imputan, ello, sin duda alguna, supone una dosis más de energía para ejercer la defensa, pues entiendes que su condena supondría la condena de un inocente, y eso no es bueno para nadie.

–Uno de los motivos por el cual fue absuelto es porque ya cumple en Italia una condena por pertenecer a un grupo terrorista. Sin embargo, ingresó en la prisión de Voghera el 7 de junio de 2004, casi tres meses después de los atentados. ¿Piensa que debía ser absuelto por cumplir una condena similar y no podía ser condenado por lo mismo dos veces aún pudiendo haber participado en los atentados de Madrid?

–La sentencia declara que no existe prueba alguna de su vinculación con los atentados del 11 de marzo de 2004. Respecto a la vinculación de la sentencia italiana ello es objeto de los recursos de casación interpuestos ante el Tribunal Supremo, tras haberse suscitado un rico debate jurídico, confiamos en que el TS reitere la absolución de mi cliente, por ser la respuesta adecuada a derecho.

–Sin embargo, los dos peritos que tradujeron y transcribieron las conversaciones en la que, según la versión oficial, Rabei Osmán se declaraba ideólogo y organizador de los atentados, aseguraron en el juicio no haber escuchado nada relacionado con Al Qaeda ni tampoco las frases en las que, supuestamente, ‘El Egipcio’ se autoinculpaba. ¿Fue éste uno de los puntos clave para su absolución?

–Este fue uno de los aspectos en los que más incidían las acusaciones. Ahora bien, la sentencia va más allá; la absolución se fundamenta en el hecho de no encontrar prueba alguna de su relación con el atentado, ni conversaciones incriminatorias, ni nada de nada.

–El presidente del Tribunal, Gómez Bermúdez, le reconvino en varias ocasiones, ¿considera que dificultó su trabajo en algún momento?

–Es cierto que los excesos del presidente de cualquier tribunal son de especial gravedad, puesto que pueden afectar, entre otros, al fundamental derecho de defensa. Lo cierto es que, teniendo en cuenta la dificultad del asunto y la cantidad de profesionales intervinientes en el mismo (49 abogados, fiscales, abogados del Estado….), creo que, en líneas generales, el presidente del Tribunal ejerció la labor que tiene encomendada con sabiduría y equilibrio entre las partes.

 

Con un familiar de Rabei. Cedida

–Finalmente le pidió disculpas. ¿Valora usted este hecho?

–Pedir disculpas por un error es difícil en cualquier contexto, y siempre debe ser valorado; hacerlo en público y en las circunstancias en las que nos encontrábamos tiene especial dificultad por lo que, por mi parte, sin duda alguna, merece doble valoración.

–¿En algún momento del procedimiento judicial fue presionado por alguien o sufrió algún intento de soborno?

–Creo que, en este proceso, todos los intervinientes hemos sufrido de una forma u otra presiones. La presión mediática y política está latente, en mayor o menor medida, a lo largo de todo el procedimiento. Ahora bien, creo que hemos podido derivar esa presión en un estímulo añadido para realizar mejor nuestro trabajo. ¿Soborno?, no tendría lógica alguna sobornar a un abogado precisamente para que haga bien su trabajo.

–Sin embargo, no debió ser fácil defender a uno de los hombres más odiados, en ese momento, en el mundo…

–La sociedad española ha dado un gran ejemplo de madurez y no ha confundido al letrado defensor con el hecho imputado a su cliente.

–¿Qué valoración hace de la sentencia dictada el pasado 31 de octubre?

–Comprenderá usted que estando la sentencia recurrida ante el Tribunal Supremo, prefiera esperar a que éste se pronuncie. Los profesionales intervinientes en el proceso debemos intentar formular nuestras discrepancias a través de los correspondientes recursos jurídicos.

–La Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, presidida por Pilar Manjón, recurrió el fallo por considerar insuficientes las penas. Un día después de la sentencia, su máxima dirigente dijo en un medio de comunicación que ya conocían quiénes pusieron las bombas, ¿qué aspectos considera usted que se han quedado sin conocer?

–Mi labor en el proceso empieza y termina en la defensa de mis dos clientes, Rabei Osmán y Raúl González. Pongo todos mis esfuerzos en conseguir que el Tribunal Supremo dicte una sentencia absolutoria respecto de la acusación formulada contra ambas personas. El resto de los aspectos del proceso o de la investigación están al margen de mi labor profesional y mi opinión sobre los mismos sería igual de valiosa que la de cualquier ciudadano, por lo que entiendo que no debo realizar manifestación alguna al respecto.

–¿Qué piensa de las ‘batallas’ creadas entre partidos políticos y medios de comunicación en torno al procedimiento?

–La labor profesional de los letrados empieza y termina en el estudio del Sumario y las cuatro paredes en que se desarrolló la vista oral. Las batallas que usted menciona se desarrollan en el exterior y todos debemos evitar su influencia en la medida de lo posible, y, en último caso, tal y como creo haber mencionado anteriormente, solo deberían servir de estímulo para realizar todavía mejor nuestro trabajo.

–¿Cree que la actuación de Londres tras los atentados que sufrió el 7 de julio de 2005 fue un ejemplo a seguir y una lección de unidad para políticos y medios españoles?

–No conozco con detalle el entramado jurídico realizado como consecuencia de los atentados sufridos en Londres. Como he dicho anteriormente, creo que debo abstenerme de emitir opinión alguna respecto a la respuesta política y mediática que va más allá de mi labor letrada.

–Aunque la sentencia del juicio ya fue dictada y el caso quedó cerrado, éste sigue dando algún que otro coletazo, ¿podría contarnos en qué fase se encuentra?

–Todos los abogados defensores cuyos clientes han resultado condenados, han formulado recursos de casación ante el Tribunal Supremo instando la revocación de la sentencia y la absolución para sus clientes. Al mismo tiempo, tanto el Ministerio Fiscal como algunas acusaciones particulares y populares, han formulado también recursos de casación ante el Tribunal Supremo instando diversas condenas para algunos de los absueltos, o mayores penas para algunos condenados así como mayores indemnizaciones para algunas víctimas. Se dice que en julio podría celebrarse la vista ante el Tribunal Supremo y en septiembre dictarse nueva sentencia, pero no existen señalamientos todavía.

–¿Cuál es ahora su trabajo en relación con el juicio?

–En mi caso he formulado dos recursos de casación: algunos aspectos de la sentencia en relación a Rabei Osmán, y la condena dictada contra Raúl González (solicitaban una condena de hasta 23 años de cárcel, siendo condenado a 5). También he tenido que impugnar todos los recursos de las acusaciones que solicitan que el Tribunal Supremo revoque la sentencia de la Audiencia Nacional y condene a Rabei Osmán, tanto como miembro de grupo terrorista como por su presunta autoría intelectual de los atentados.

–¿Qué piensa del libro ‘La soledad del juzgador’, escrito por Elisa Beni, esposa del juez Gómez Bermúdez?

–No me siento capacitado para realizar crítica literaria de libro alguno.

El juicio por el 11-M no es su primer proceso de larga duración

El abogado donostiarra no se enfrentaba por primera vez a un juicio de larga duración, con decenas de implicados y vinculaciones con el terrorismo. Hace tres años, Zulueta fue el defensor de una joven vinculada al grupo feminista Egizan, que finalmente resultó absuelta.

El defensor de ‘El Egipcio’ es un letrado donostiarra, del barrio de Intxaurrondo, que hace 26 años se fue a estudiar Derecho a la capital del país. Su labor ha estado ligada a movimientos alternativos y de antiglobalización, defendiendo colectivos de okupas y denunciando la utilización de nuevas tecnologías al control de los ciudadanos a partir del fatídico 11-S.

Durante su intervención en el proceso sobre el 11-M, el donostiarra era consciente de que sus intervenciones iban a ser seguidas en todos los rincones del mundo. Aceptó la defensa de ‘El Egipcio’ por una mezcla de casualidad e interés profesional.

Todos los abogados a los que les tocaba su defensa lo rechazaban y en noviembre estaba sin letrado. En paralelo, había mantenido varias conversaciones con él y conocía alguna de sus diligencias. Finalmente, él mismo le pidió que llevase su defensa y aceptó.

Sus numerosas intervenciones y su aspecto sereno a la hora de hablar en el último día de la fase pericial le situaron en un lugar de privilegio dentro del proceso, llegando a ser uno de los abogados más buscados por los medios de comunicación. En la sede de la Casa de Campo, Zulueta demostró su profesionalidad.

Dos defensas que le dieron una imagen global del procedimiento

Rabei Osmán es acompañado por un agente de la Policía Nacional después de su intervención en el juicio. Cedida

“Muy complicadas”. Así recuerda Zulueta las distintas conversaciones mantenidas con su cliente a lo largo del procedimiento. Siempre con la mediación de diferentes intérpretes de árabe y con mucha desorientación debido al “aislamiento”. El letrado reconoce que las entrevistas “requerían mucha concentración”, ya que a los problemas mencionados había que añadir la diferente lengua, costumbres y cultura, además de ser “una persona desconocida”.

Sin embargo, el abogado dice que consiguió su confianza y “tenía plena liberdad para ir eligiendo la estrategia más adecuada para su defensa”.

El trato que recibe su cliente mientras cumple condena en Italia también ha sido denunciado por su defensor, al igual que su situación en las prisiones españolas durante la celebración del juicio. “Rabei fue sometido al aislamiento más severo de los posibles hasta la víspera del juicio oral”, recuerda Zulueta.

El letrado asegura que su cliente “estaba 22 solo en la celda y unicamente podía estar dos horas en el patio, también solo y con grandes dificultades para cumplir sus deberes religiosos”.

De esta manera, el donostiarra reconoce que preparar la defensa de un hombre al que solicitaban 40.000 años de prisión y que iba a ser sometido a largas horas de interrogatorios “era francamente difícil”. No obstante, el letrado se muestra orgulloso: “Se nos presentaron muchas dificultades, pero creo que nos crecimos ante ellas”.

Zulueta reconoce que las dos defensas le hicieron tener una imagen global de todo el procedimiento: “Raúl es el único minero en activo que ha resultado acusado y condenado. Rabei, el árabe tomado como icono por las acusaciones. Visité Mina Conchita y hablé con muchos mineros para preparar la defensa de Raúl; visité varias mezquitas y conversé con muchos expertos en arabismo para preparar la visita de Rabei. Tuve el privilegio de hacerme una idea en conjunto de todo el entramado relatado por las acusaciones, ello me ha ayudado a preparar bien ambas defensas”.

  • A Rabei se le aplicó el principio de “non bis in idem”

Su absolución, la sorpresa

Rabei Osmán fue absuelto al aplicarle el principio de “non bis in idem” (condenar dos veces por un mismo delito). Sin embargo, la Fiscalía entiende que lo lógico es que los magistrados le hubieran condenado por el delito de pertenecencia, teniendo en cuenta que la sentencia en Italia no es firme. Otro argumento que la Fiscalía esgrime en su recurso es que no hay constancia de que los hechos por los que ‘El Egipcio’ fue juzgado en Italia sean los mismos por los que se le ha juzgado en España, ya que cabe la posibilidad de que haya desarrollado su actividad en dos grupos terroristas diferentes, teniendo en cuenta, además, que la sentencia del 11-M no especifica el nombre de los grupos yihadistas que perpetraron los atentados. Su abogado ha impugnado todos los recursos de las acusaciones que solicitan que el TS revoque la sentencia.

Raúl González (en la parte inferior derecha), junto a ‘El Egipcio’. Son los dos clientes de Zulueta. Cedida

El otro cliente del abogado donostiarra es Raúl González Peláez ‘El Rulo’, nacido en Piedralonga-Tineo (Asturias) en 1979. Proveedor de explosivos de Suárez Trahorras que fue detenido el 12 de junio de 2004 y quedó en libertad bajo fianza de 35.000 euros.

En su declaración, González quiso dejar claro que Mina Conchita era un desastre incontrolado. Zulueta se une a sus afirmaciones y dice que “en la vista se demostró que cualquier persona podía sustraer explosivos de Mina Conchita ante el alarmante descontrol existente en dicha explotación minera”. Es más, el letrado asegura que “no sucedieron más cosas porque Dios, Alá, o el destino no lo han querido”.

De esta manera, el defensor de ‘El Rulo’ afirma que “parece obvio que no hacía falta la intervención de ningún minero para sustraer explosivos”.

En este sentido y atendiendo al trascurso del juicio, le parece “sorprendente” que nadie haya formulado reclamación alguna contra los responsables de garantizar la seguridad de los explosivos”.

De esta manera, Zulueta considera que su condena “pese a ser de cinco años pidiéndole hasta 23, es una injusticia que confiamos que sea reparada por el Tribunal Supremo”.

El abogado dice que en julio podría celebrarse la vista ante el TS y en septiembre dictarse nueva sentencia. Todos los letrados esperan a que se produzca.

Ni rastro de Ceuta en el sumario

A la izquierda, el pendrive del presidente del Tribunal, Gómez Bermúdez. A la derecha, el coche de ‘El Chino’. Cedida

“En modo alguno me consta que Ceuta haya sido escenario de la preparación de los atentados. Creo recordar que en la causa no se menciona en ningún momento”, así responde Zulueta a la pregunta formulada por este medio sobre la posible relación de la ciudad con el 11-M.

Ni la aparición del coche con el que supuestamente ‘El Chino’ trasladó desde Asturias parte de la dinamita Goma 2 utilizada en los atentados en los trenes en un garaje del Príncipe, ni los planos encontrados en el centro penitenciario de Los Rosales, ni la llamada Operación Duna son indicios suficientes, para Zulueta, de que exista una posible presión islamista en la ciudad. “No creo que exista ningún tipo de presión. Mi única fuente de información es la prensa, como la de cualquier ciudadano. Y con lo que leo, en modo alguno puede llegarse a esa conclusión”, sentencia el abogado.

Asimismo, considera que la existencia de barrios ocupados, en su mayoría por musulmanes, tampoco apunta a la existencia de un ambiente radical: “Relacionar musulmán con radical, si se pretende entender con ello terrorista, me parece injusto y sumamente peligroso para todos”.

Otra de las preguntas formuladas a Zulueta sobre la posible presión islamista en Ceuta se centra en la Operación Duna, por lo que responde: “Me temo que no se señalaban importantes indicios de la participación de estas personas en actividades delictivas”.

El Fadoual compró a ‘El chino’ el BMW

  • ‘El Chino’, fallecido en Leganés

Jamal Ahmidam. Se le considera el jefe operativo del 11-M,  la persona que disponía de los contactos y los medios para buscar y comprar los explosivos. Él era el que daba las órdenes. En el registro del piso de Leganés, tras la explosión, se encontró un vídeo grabado días antes. En él, Ahmidan —varios testigos reconocen que es él el del vídeo— lee un comunicado donde amenazaba con más atentados en España, si el Gobierno no retiraba en el plazo de una semana sus tropas de Irak y Afganistán. Según la declaración de un testigo, ‘El Chino’ reunió en la casa de Morata a Mohamed Oulad, Kounjaa y Rifaat (tres de los siete suicidas de Leganés) para explicarles cómo funcionaba un detonador. El 3 de abril de 2004, tres semanas después del 11-M, el seguimiento de las tarjetas prepago utilizadas por los terroristas en los atentados condujo a los investigadores hasta un inmueble en el nº 40 de la calle Carmen Martín Gaite, en la localidad madrileña de Leganés, donde se produjeron los hechos.

  • El Fadoual, condenado a 9 años

Abdelilal El Fadoual El Akil. Tenía una estrecha relación con Jamal Ahmidan, ‘El Chino’. De hecho, se le acusa de ayudarle a salir de Marruecos en el verano de 2003, con su correspondiente documentación falsa.

Compró un coche que fue utilizado en uno de los traslados de dinamita desde Asturias. “¿Por qué estoy aquí?”, se pregunta. “Por el coche”, dice que le responde su abogado. También estuvo en la casa de Morata de Tajuña y conocía a varios imputados. Permanece en la cárcel de Alcalá Meco desde el 7 de abril de 2004. En su declaración, El Fadoual negó conocer a Serham ‘El Tunecino’, pero reconoció a ‘El Egipcio’ como una de las personas que estuvieron en la finca de Chinchón. En una sesión de la vista oral afirmó que el 11-M le había “arruinado la vida”.