El cementerio de Sidi Embarek ha acogido el entierro del menor cuyo cadáver fue recuperado por los GEAS de la Guardia Civil de Ceuta el pasado miércoles en la redes de la Almadraba.
La tumba 4878 acoge para siempre los restos de este adolescente que no ha podido ser identificado.
Nadie ha preguntado por él, por quien solo era un chico de entre 12 y 14 años que pudo haber muerto solo un par de horas antes de ser localizado por la Benemérita, tal y como se deduce de la autopsia practicada.
Portaba un pantalón negro y ropa náutica con tonos grises y marrones al estilo de los trajes de neopreno. A su alrededor un flotador que había empleado a modo de cámara salvavidas para cruzar el espigón del Tarajal. Una de las rutas que más muertes y desapariciones está registrando.
La Funeraria Al Qadr ha procedido al traslado del cuerpo hasta el cementerio en donde se le ha rezado antes de su entierro. Allí han estado trabajadores de Sidi Embarek además de la propia funeraria en la última despedida a un niño del que no se sabe ni su historia ni su identidad.
No ha estado solo en ese último adiós. Le han acompañado personas que aunque no le conocían han sentido su muerte.
Las últimas entradas de menores marroquíes que han tenido lugar esta semana no han servido tampoco para esclarecer este caso. Los niños que han podido cruzar el espigón no reconocen al fallecido, lo que apunta a la posibilidad de que emprendiera travesía en soledad y que proceda de las zonas más al sur de Marruecos.
Solo tres días después de la muerte se ha tenido que proceder a este entierro ante las deficitarias infraestructuras que existen en Ceuta para mantener por más tiempo cuerpos sin vida.
Las neveras que existen para el depósito no ofrecen garantías y en esta ciudad a pesar de las cuantiosas denuncias nunca se ha dado el paso de disponer de instalaciones o de un congelador para mantener un tiempo prudencial los cuerpos conservados.
Esto facilitaría las identificaciones pues que ha habido casos en los que solo días después de un entierro o incluso horas se ha conseguido dar con familiares que hubieran propiciado una repatriación.
Ceuta, en plena frontera sur, es incapaz de resolver esta asignatura pendiente, de tener unas mínimas instalaciones para garantizar un deber al menos moral y humano para calmar el dolor de familias que ni siquiera saben que sus seres queridos han fallecido.
Es el caso de este niño que emprendió rumbo a Ceuta y cuyo paradero y fatal destino ni siquiera son conocidos por su entorno directo.
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