Nuevamente los españoles han sido llamados a las urnas. El próximo 10 de noviembre resulta que estaremos nuevamente convocados a las urnas para elegir un nuevo Parlamento y por consiguiente la posibilidad de formar un nuevo Gobierno. Es verdad, como se decía en la jornada de ayer durante la última celebración del Pleno de esta tan corta legislatura, que “las elecciones las carga el diablo”. El presidente del Gobierno ha jugado últimamente a que hubiera elecciones porque todos los sondeos apuntan a que obtendría un mayor número de diputados, al igual que le sucedió a Mariano Rajoy cuando convocó a los pocos meses unas segundas elecciones. Por supuesto, que todo apunta a que el resultado sea nuevamente favorable para los socialistas, pero también se dan otras circunstancias que son difíciles de entender porque este país no se puede permitir el lujo de continuar mucho tiempo más con un Gobierno en funciones. Tengamos en cuenta que desde el pasado mes de febrero, cuando se disolvieron por primera vez las Cortes, el Ejecutivo socialista está en funciones con todas las dificultades que ello conlleva. Y además gobernando con unos presupuestos prorrogados que además fueron heredados del Partido Popular. En un año y medio en el poder no han podido sacar adelante unas cuentas públicas propias. Hay que hacer un llamamiento a todas las fuerzas políticas para que después de las elecciones se forme de la manera que sea un Gobierno estable para cuatro años.






