El ‘Contramaestre Casado’, un buque de transporte ligero de la Armada, atracó ayer en el Muelle España por la cara de levante.
Un viento que estará presente y que, seguramente, complicará la travesía de los legionarios, especialmente de muchos que proceden de zonas interiores de la península. Porque en la cubierta de ese barco fue donde, a las nueve de la noche, ya estaban embarcados todos los que debían estarlo. Aunque puede ser que ese mareo se vea superado por el vértigo que a más de uno le supondría escuchar el partido de la Copa. La mayoría llevaban, en su mochila, algún transistor para seguir al equipo de sus amores, fuera el que fuera.
Salieron del cuartel hacia las seis y media de la tarde, y lo hicieron en dos tandas. La primera, con la banda de guerra, los gastadores y una sección, llegó al Muelle España pasadas las siete. La segunda, con las secciones restantes, casi a las ocho. Ahí estaban todos, con un ojo en el móvil y otro en el cielo. Porque en Málaga está siendo una Semana Santa accidentada, y ya los Regulares se tuvieron que volver de vacío. Pero, obivamente, nada de contemplar la posibilidad. “No quiero ni pensarlo”, respondía el capitán Torrecilla, jefe de la compañía, al ser preguntado sobre la posibilidad de que no pudieran salir con el Cristo de Mena.
La verdad es que esa era ayer la comidilla en Málaga, la preocupación por que la Legión no pueda salir. Lo que pueden tener claro en esa ciudad es que el Tercio va con ganas. Que muchos, como el cabo Heredia o el cabo Mizzian ya han vivido la emoción del desembarco. Pero muchos otros, como el sargento Hidalgo van a ser “desvirgados”, como se diría en la jerga.
El embarque, está claro, no es lo que era. Entre los más veteranos, alguna especie de melancolía invadía sus pensamientos, al ver que “las tradiciones se van perdiendo”, y que ahora prima “ser prácticos”. Esta vez, las despedidas eran por teléfono, si no lo habían sido ya en la intimidad. No había más público que algunos pocos militares del Tercio, el comandante naval y algún que otro aficionado a la fotografía de barcos que quería añadir el ‘Contramaestre Casado’ a su colección. Algo que no obstó para que todos pusieran en alto sus fusiles después de recitar el espíritu legionario en formación, dándose gritos de ánimo.












