Mi padre y yo lo plantamos en el límite del patio donde termina la valla, yo tenía siete años... Mi árbol y yo crecimos los dos”… Quien así recita y canta en uno de sus poemas es el conocido, y por mí admirado desde siempre, cantautor argentino Alberto Cortez, persona llena de sensibilidad, que tiene un maravilloso tema llamado Mi árbol y yo.
No estuve cuando tuvo lugar el acto (no pude) en la mañana del 31 de Octubre. Pero no podía faltar mi visita al Árbol de la Paz en el Parque de San Amaro, donde la Comunidad Hindú lo plantó a la entrada de éste. Mi visita fue por la tarde, sobre las 16:00. Allí no había nadie, el día estaba espléndido y ello contribuyó a que hiciese unas bonitas fotos. La plantación del Arbolito por la Unión me ha parecido ideal. Es pequeño y entrañable, con su tronco trenzado y pétalos arrojados a su pie. Me imagino que el acto no sería muy largo, pero sí lleno de sensibilidad.
Unas musulmanas, cuidadoras del Parque, me indicaron el lugar donde estaba ubicado el Árbol y allí estuve un buen rato rezando por las cuatro culturas, amén de otras confesiones, y por supuesto, por el planeta. Ello me llenó de emoción y relax.
Este acto me ha dado pie a recordar a dos de tantos personajes que amaban la Naturaleza y a la que le dedicaron bellas palabras que están escritas en forma de mensajes. Uno de ellos, por supuesto, es Francisco de Asís, El poverello, para quien la Naturaleza era todo: Hermano Sol, Hermana Luna, Hermano pez, Hermana estrella, Hermano río, Hermano lobo, Hermano pájaro, Hermana montaña…, Hermano árbol. Persona de origen noble, su propia experiencia de la vida le llevó a dejar todo y vivir como él quería, como un pobre. Fue a partir de ahí y con sus colegas, cuando descubrió el sentido de la Naturaleza y todo lo que conlleva. Digamos que fue un adelantado y revolucionario espiritual en la época que le tocó vivir. Sus mensajes han pasado a la posteridad (murió en 1226 en Asís). “Alabado seas mi Señor, por nuestra hermana la Madre Tierra, la cual nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos y flores de varios colores y hierba”. Yo, desde que era estudiante, descubrí en este hombre especial algo que siempre me hizo pensar y reflexionar: la fraternidad universal.
El otro personaje lo descubrí en el año 1985, cuando cayó en mis manos un número de la revista Natura. Su nombre, Noah Sealth, un indio americano de la Tribu de los swamisu, en el Estado de Seattle (EEUU). Era un hombre bajito, enjuto, con la cabellera blanca cayéndole sobre los hombros. Tendría alrededor de unos setenta y pico de años, cuando ante muchos de los suyos (también había hombres blancos presentes) y en el año 1800 y pico, dio varios mensajes sobre la Naturaleza. Ha pasado a la Historia como autor de unos escritos preciosos y profundos sobre la Madre Tierra ( Paccha Mama). La carta del indio, que así ha sido llamada, ha sido considerrada como “el más bello mensaje ecologista de la Historia “. Se la envió al entonces presidente de EEUU, Pierce, en la que le decía que las tierras de él y los suyos no serían vendidas, ya que no tenían precio. “Cuando desaparezca el último pez, cuando caiga el último árbol, ya nada tendrá sentido”. “La Tierra no nos pertenece, somos nosotros quienes pertenecemos a ella”. “Todos somos hermanos: el Sol, el Agua, el Fuego, la Lluvia, el Viento…”. Todos formamos un conjunto, todos somos uno”.
Tengo que decir que siempre en mi clase, en Algeciras, le hacíamos un merecido homenaje a este ser tan maravilloso y humano, que se adelantó a su época. Todavía sigue siendo un gran desconocido. Los boys scouts lo tienen como un líder pacifista y ecologista. También mis alumnos y yo lo recordábamos cada 5 de Junio, Día Mundial del Medio Ambiente. Salíamos al patio del colegio y nos acercábamos a diferentes árboles y nos abrazábamos a ellos para sentir su energía, todo en completo silencio. Luego mis alumnos me contaban maravillas sobre lo que habían sentido. Luego formábamos una rueda de energía, sentados en el suelo, alrededor de cualquier árbol, y cada uno e ellos pedía un buen deseo para nuestro querido ser vivo. Lo recuerdo con mucho cariño y echo de menos estas experiencias tan gratificantes.
Para terminar, una bonita frase de Gandhi: “Quiero desarrollar una hermandad o identidad no simplemente con los seres llamados humanos, sino que quiero desarrollar una identidad con toda la vida, incluso con los seres que se arrastran por la Tierra”.





