El 29 de mayo de este año, agentes de la UCRIF de la Policía Nacional practicaban en Ceuta un operativo antidroga que se saldó con la aprehensión de 4 kilos de hachís dentro de un trastero-garaje en Loma Colmenar.
A ojos de la Justicia, existía un único acusado, pero meses después ha aparecido otro en escena para confesar, sin quiebra alguna, que esa droga era suya exculpando de cualquier vínculo con el hachís a quien figura como procesado en este asunto.
La sorpresa sobrevenida ha hecho que el magistrado titular del Juzgado de lo Penal número 2 suspenda el juicio que se celebraba este viernes para ordenar una sumaria instrucción complementaria dada la confesión que ha provocado un giro radical a este caso.
¿De quién es la droga? En Instrucción se tendrá que tomar a declaración a su dueño confeso para, ya entonces, determinar si Fiscalía acusa ahora a dos personas o solo a una.
El origen de este procedimiento judicial de tráfico de drogas
Esta historia judicial que ahora sufre un revés sorpresivo comienza el 29 de mayo, cuando la UCRIF interviene 41 bloques de 100 gramos de hachís cada uno dentro de unas bolsas de la compra que estaban escondidas en un garaje-trastero en Loma Colmenar del que es titular el acusado en este asunto.
Un joven que manifestó este viernes que ese cuartillo únicamente lo usaba para guardar su moto y, aunque él es el titular, también permitía que un amigo dejara allí sus herramientas y enseres.
Ese amigo es el que ahora, meses después, ha acudido ante su señoría para decir que “la droga es mía”, evitando que se cometa una injusticia.
La declaración del acusado
El acusado negó tener relación con el hachís encontrado por la Policía Nacional, solo recuerda que la noche previa a la incursión de los agentes había dejado allí su moto, sin ver nada extraño en el garaje ni oler a acumulación de sustancias estupefacientes.
Cuando la Policía lo detuvo en su casa estaba durmiendo. Lo llevaron al garaje y vio los bloques de droga sobre su moto. “No sé nada de esa droga”, insistió.
Quien sí sabe bastante, tal y como confesó ante el juez, es su amigo, quien puntualizó que había escondido allí el hachís después de que el acusado hubiera dejado estacionada en su interior la moto.
“El chaval no sabe nada”
“El chaval no sabe nada”, espetó. “La moto ya estaba aparcada dentro cuando metí la droga”, puntualizó, recordando que en los bloques que colocó en una bolsa de la compra ponía la marca “Gelato”.
Su señoría le advirtió de si era consciente de las consecuencias de esa confesión, a lo que el dueño sorpresa del hachís asintió.
Se paró la vista, se suspendió y se anunció de viva voz que el procedimiento volvería a instrucción dada la confesión escuchada por todos los presentes al objeto de que se realiza una actuación complementaria.
Cadena de custodia
Antes de ese punto (que no final) a la historia, el letrado del acusado indicó como cuestión previa que se había incurrido en una vulneración de un proceso con todas las garantías, además de no respetarse el derecho a la presunción de inocencia de su cliente, que se encuentra en libertad con cargos por este asunto.
Solicitó la nulidad de la prueba al no haberse respetado la cadena de custodia de la droga, algo a lo que se opuso el Ministerio Fiscal. “Es un caso flagrante de ruptura de la cadena de custodia”, insistió el abogado.
El procedimiento de momento para en este punto para retrotraerse a un inicio en el que figuraba un acusado de delito contra la salud pública para ahora determinar quién figurará, si en Instrucción se creen esta confesión y qué hace ante ello el Ministerio Público.







Amenazado con prevendas de la banda
Vaya chapuza de investigación shikiyo