Han pasado ya dos años desde que, por voluntad propia, decidí abandonar la política. No fue una decisión fácil, pero sí profundamente meditada. Cerré una etapa de mi vida en la que tuve el enorme honor de servir a los ciudadanos como diputado y como secretario general del PSOE en Ceuta.
Cuando uno ocupa un cargo público, cree que muchas de las relaciones que construye son personales, sin embargo, el tiempo acaba enseñándote una realidad distinta. El día que dejas la política, muchas cosas cambian.
Personas que antes te recibían con un abrazo ahora apenas te dedican un tímido “hola”. Otras, directamente, prefieren mirar hacia otro lado, el teléfono, que antes sonaba constantemente, guarda un silencio absoluto, las invitaciones a actos, comidas y eventos desaparecen casi de un día para otro.
Y, curiosamente, lejos de entristecerme, eso me ha hecho sentir más libre.
Durante estos dos años he recibido cientos de propuestas para volver a la primera línea política, todas ellas las he rechazado, no porque reniegue de lo que hice, sino porque hoy tengo muy claras mis prioridades.
Ahora mi tiempo me pertenece. Es para mi familia, para disfrutar de los míos sin mirar el reloj, para practicar deporte, una de mis grandes pasiones, para compartir momentos con esos amigos que permanecen cuando ya no tienes un cargo, un despacho o capacidad de influencia.
Porque esos son los amigos de verdad. Los que te quieren por lo que eres y no por lo que representas, los que permanecen cuando desaparecen los focos y los intereses.
Hay quien me pregunta si resulta duro haber tenido tanta responsabilidad y tanto poder de decisión y, de repente, convertirse en un ciudadano más.
Mi respuesta siempre es la misma, no.
No hay mayor privilegio que recuperar el tiempo. Poder desayunar con tu familia, salir a correr sin prisas, quedar con un amigo sin que el teléfono interrumpa la conversación o vivir sin la presión permanente de la agenda política.
La política puede ser una herramienta extraordinaria para mejorar la sociedad cuando se ejerce con vocación de servicio, pero también es un entorno complejo, donde demasiadas veces los intereses personales pesan más que las personas y donde las relaciones, en ocasiones, dependen más del cargo que de la calidad humana.
Por eso no echo de menos aquella vida.
Me siento profundamente agradecido por la confianza que tantos ciudadanos depositaron en mí y orgulloso del trabajo realizado. Pero también me siento afortunado de haber sabido cerrar esa etapa cuando consideré que había llegado el momento.
Hoy no tengo poder, ni llamadas constantes, ni una agenda repleta de compromisos. Tengo algo mucho más valioso, tiempo, tranquilidad, salud y la certeza de que las personas que siguen a mi lado lo hacen porque me aprecian a mí, no al cargo que ocupé.
Y esa, con el paso del tiempo, ha resultado ser la mayor victoria de todas.
Juan A. Gutiérrez Torres (ex diputado y ex secretario general del PSOE)
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