La tragedia del espigón del Tarajal, que ha dejado casi un centenar de muertos, entre ellos varios adolescentes y dos mujeres, ofrece también otras imágenes de las vidas puestas a salvo en Ceuta y de la extenuación entre unos agentes de la Guardia Civil que terminaron al límite.
Del agua, de entre una maraña de personas atrapadas, la Guardia Civil tuvo que sacar a niños e incluso bebés, en las escenas más duras y de mayor impacto emocional vividas.
Los marroquíes emprendieron una ruta a la carrera sin freno, unos detrás de otros. Si alguien caía corría el riesgo de morir aplastado por el resto. Y así sucedió con casi 100 personas y un espigón del que la Benemérita va a sacar aún más cadáveres.
Desde fuera aprecian algunos cuerpos y las imágenes de los drones tampoco engañan.
La tragedia del espigón se ha convertido en la más grave ocurrida en España hasta la fecha. De momento, milagrosamente, no se ha localizado ningún bebé fallecido, pero sí niños que podrían tener no más de 13 años.
Los guardias civiles terminaron al límite de sus fuerzas. Derrotados ante un drama que crecía ante sus ojos, pero fuertes a sabiendas de que había que seguir sacando a personas para evitar que fueran arrastradas por una auténtica marea humana sin freno procedente de Marruecos.
Se han superado todos los límites, todo lo permitido y entendible en estos momentos. El espigón de la muerte ha sido escenario de la tragedia con responsabilidades que se produjo porque Marruecos dejó sus arenales sin vigilancia, lo que permitió que el efecto llamada que apuntaba a que las fronteras estaban abiertas fuera cada vez mayor.
Todos siguieron el mismo punto, bordear un espigón que prácticamente se cruza andando y en el que si no existe un blindaje en la playa se convierte en la puerta más fácil de tránsito.
El Servicio Marítimo y los GEAS han trabajado sin freno sacando a gente del agua o retirando cuerpos sin vida. Al otro lado de la tragedia están todas las vidas que se han puesto a salvo evitando mayores casos de aplastamientos.
Había pequeños prácticamente recién nacidos, uno en un flotador que ha aparecido solo, sin padres, otros niños con flotadores, mujeres que no podían más, embarazadas… tras la óptica que narra únicamente la crisis política y el conflicto diplomático están estas imágenes extremas que evidencian el drama humano de un pueblo que se levantó y emprendió un sendero sin vigilancia mientras su rey continuaba sus festejos.
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