El Movimiento Ciudadano para la Dignidad Animal no descansa. Los políticos sí. También prometen y después mienten. Son expertos en eso, en contar historias y anunciar lo mismo año tras año.
Ese movimiento surgió para recoger los sentimientos de muchas personas que tienen a su cargo animales a los que quieren dar una despedida digna cuando falten. Una despedida que no signifique tener que dejarlos en un congelador para que luego los lleven con todo tipo de restos a una incineradora en la Península.
No, no somos unos insensatos. Somos personas con sentimientos que sabemos lo que supone tener a un animal a nuestro cargo, el vínculo que se genera con él y la crudeza de no disponer de más alternativas para su despedida.
La Ciudad prometió que existiría una infraestructura. Lo último que supimos es que se ubicaría en una de las naves del Tarajal. Pero siguen muriendo animales y sigue sin existir una opción a despedirlos como uno quiere.
No vemos avances y los compromisos se parecen cada vez más a falsedades.
Ceuta no puede llevar por bandera el ser una ciudad contra el maltrato animal -así se aprobó en otro show de sesión plenaria- si es incapaz de desbloquear un compromiso político atendiendo la demanda de muchísimos vecinos.
Somos cada vez más, porque tenemos la suerte de albergar como parte de nuestra familia a uno de esos animales a los que después esta clase política no nos deja despedir con dignidad. Nos roban hasta eso.






