La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices (Albert Einstein).
El 20 de Noviembre se celebra El Día del Niño. En los colegios (me gusta más el término escuela) se celebra cada año con diversas actividades. Espero que siga siendo así. Antes de mi jubilación, tuve la suerte de poder disfrutar de este día con los alumnos del colegio; aparte , en un par de ocasiones, me tocó en sorteo (en Algeciras) ir con mis chicos a la conocida Plaza Alta y reunirnos allí con los de otros centros escolares. Una vez se leyó un manifiesto, por parte de varios alumnos/as de las diferentes escuelas. Recuerdo a una alumna mía, timidísima, a la que elegí precisamente por esto; consiguió superar sus miedos en el momento que leyó el mensaje sobre el día que estábamos celebrando, con lo cual nos alegramos mucho las dos. La Plaza Alta se llenó de colorido y entusiasmo, pues el día era el adecuado, con un día genial, climatológicamente hablando.
Pero, tristemente, no todos los niños tienen la suerte de celebrar este día. Con sobrevivir es suficiente. Hay demasiados niños infelices, como decía Albert Einstein, todo debido a la falta de “progreso humano”. Y él hablaba así en otra época, en la que también, y desde que el mundo es mundo, ha habido desastres de todo tipo.
Pero no sólo me voy a remitir a la pobreza, que sin duda alguna es lo peor que le puede ocurrir a una persona, sea hombre, mujer y por supuesto niño. No hay más que poner la televisión o leer la prensa para ver cómo está el panorama, por ejemplo, desde hace ya días, en Filipinas con el maldito tifón que ha azotado a la población. Siempre les toca a ellos, a los más desheredados. Por mucho que se les quiera ayudar, desgraciadamente ésta muchas veces no llega, o tarda mucho en hacerlo.
Los niños son la alegría en todo orbe. Cuando nacen son monísimos, muy queridos, pero luego llegan los problemas: falta de interés por parte de algunos padres, para darles la educación adecuada (los maestros hemos tenido que hacer muchas veces de padre, madre, psicólogo o psiquiatra, enfermero, amigo –por no encontrar con quien dialogar, hablar de lo que les preocupa– sobre todo, los más mayorcitos…). Es triste, pero la realidad se impone, y muchos matrimonios jóvenes se desvanecen y ahí viene el problema: con quién se queda el chico o la chica, con el padre o con la madre, o lo tiene cada uno 15 días. A veces, al niño le resulta difícil decantarse por uno o por otro, y ahí puede aparecer el desequilibrio emocional, lo cual le puede impedir realizar bien su tarea escolar, o hacer verdaderos amigos, la tristeza y la melancolía aparecen… Nosotros los maestros sufrimos con estas circunstancias. Sin hacer distinción en el aula entre ellos, procuramos prestarles más atención (como al resto) y darles el cariño que les pueda faltar. Estos niños necesitan mucha motivación.
“Si no os hacéis como un niño no entraréis en el Reino de los Cielos”, dijo el Maestro Jesús de Nazareth. Es cierto. Ponerte a la altura de ellos resulta muy gratificante; hacerte cómplice de los chicos es altamente emocionante, pues con el diálogo, llegas a comprender mejor su interior y llegan a comunicar sus más profundos sentimientos. Son “adultos en potencia”, como yo los llamo, y si como tal los tratas, te llegan a sorprender con sus pensamientos y puntos de vista.
Un niño es un regalo, pero todo el mundo no lo ve así. Son el presente y ojalá el futuro que todos deseamos, cambie en muchos aspectos. De estas generaciones actuales, estoy segura de que saldrán chicos/as extraordinarios que destacarán en Medicina, Literatura, Química, Física, aventureros, nuevos inventores, filósofos, filántropos cuyos mensajes llegarán al corazón de muchos… Por supuesto, buenos deportistas. Hay muchos chicos/as índigos, significando esto que ya desde su nacimiento son especiales, no raros (aunque parezca), sino diferentes, pueden ser introvertidos, pero no antisociables, independientes, con ideas originales y dispares, pensamientos sutiles, sentimientos solidarios, amigos incondicionales… El que más y que menos hemos tenido alumnos índigos. Yo los he tenido y son extraordinarios, por su forma de ser y pensar. Pero no pensemos que esto es nuevo, antes no se conocía este término. Ahí tenemos a Mozart, Einstien, Julio Verne, Beethoven, Dalí, Madame Curie... y tantos otros personajes históricos que en un momento determinado deslumbraron al mundo.
No me quiero extender más. Sólo decir que los niños me merecen todos mis respetos, pues tienen mucho que aportarnos. Tienen mucho que transmitir, decir y opinar.
Dejad que los niños se acerquen a mí (Jesús de Nazareth)
Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres (Pitágoras)





