Un hombre “enfermo” e “inimputable”. Es la radiografía que hace la Defensa del policía local de Ceuta acusado de asesinato.
“Hemos demostrado que hay una verdad oculta que no quieren que saquemos a la luz”, ha denunciado la abogada, Inmaculada Guil, dirigiéndose a los miembros del Jurado, en la lectura de su informe final efectuada esta noche.
Insiste en que su cliente no mató a quien era su mujer, ni tampoco existe un caso de violencia de género.
El perfil del agente que ella ve es el de un hombre afectado por trastornos mentales, un paciente a quien su psiquiatra particular, 11 días antes del crimen, había recomendado ingreso y medicación inyectada.
Para Guil hubo un “cuerpo a cuerpo”, una lucha entre padre e hija que terminó con 2 disparos “accidentales sin intención”.
Afectado por un “brote psicótico” de un “hombre enfermo”, Guil ha afeado a la Acusación que se esté tratando a su cliente como asesino obviando el “presunto”.
“No me gusta que se juegue con la vida de una persona enferma”, ha insistido.
La Defensa mantiene la teoría de los 2 disparos, ninguno con “intención de matar”, porque de haber sido así el propio agente habría disparado a otra parte del cuerpo.
“Hubo un zafarrancho de combate que se produjo en la cocina”, sin que “nunca haya habido intención de matar”.
Para Guil, la hija del matrimonio “miente”, “nos guste o no, es así, aunque quieran desprestigiar a esta Defensa”.
Considera que de las distintas pruebas practicadas no hay una que implique a su patrocinado.
“En ese fragor de la batalla nadie sabe qué pasó”, pero por ello hay que ir a quien tuvo la posesión del arma.
“Fueron ambos porque hubo un forcejeo”, ha reseñado. “Es una testigo que no dice la verdad”, por lo que les pidió una decisión que no estuviera basada en este tipo de testifical.
“Nosotros hemos dicho la verdad, no gusta pero es lo que hay”, ha dicho, solicitando al Jurado un veredicto de no culpable para su cliente que se enfrenta a más de 40 años de cárcel.
Guil ha señalado que el acusado sufre trastorno bipolar y paranoide que “anulaban su capacidad de obrar”. Son enfermedades que padecía desde hace 20 años.
El día del crimen atravesaba por una “fase aguda de su enfermedad”, lo que conocemos como un brote psicótico.
Ese episodio fue “subiendo escalones” cuando entró en su vivienda hasta llegar al pico.
El día del crimen, mantiene la Defensa, su patrocinado no se encontraba bien en sus facultades de obrar de manera racional.
Guil ha destacado que todos sabían que el acusado estaba mal y debía haber sido ingresado, tal y como aconsejó su psiquiatra de Algeciras.
“Su familia lo sabía”, pero a pesar de ello nadie ejecutó esa orden de ingreso.
Cree que no se hizo porque era un policía local que ganaba un buen sueldo y se optó porque siguiera trabajando.
Para la Defensa era conocida su situación, también que acudía siempre a una misma farmacia de la ciudad a por su medicación vestido de uniforme.
Guil ha pedido al Jurado que no se “deje llevar por las distorsiones”, aplicando la lógica.
Ha insistido en que su cliente está marcado por no haber podido salvar la vida de su mujer. “Sigue llevando su alianza”, ha remarcado.
Ha pedido a quienes forman parte de este tribunal de jueces no profesionales que valoren en justicia las distintas pruebas que se han escuchado en las diferentes sesiones que han podido escucharse desde el pasado 21 de abril.
Guil ha rechazado la existencia de una violencia de género, así como la autoría de lesiones.
Dirigiéndose a los miembros del Jurado, les ha recordado que “van a tomar una de las decisiones más importantes de sus vidas. Antes, recuerden que hemos tenido tres psiquiatras y dos psicólogos forenses” que han declarado “que no quería matar”.
“A quién creen más a su hija o a estos profesionales”.
“No se puede demostrar cuál de los tiros” causó la muerte, ha indicado, recordando que “no se ha acreditado” quien fue el autor del disparo mortal.
“Hay muchas dudas razonables en el procedimiento”, se ha dirigido a los miembros del Jurado.
Estos miembros, no obstante, ya han podido escuchar el desarrollo de todas las pruebas por lo que saben qué es lo que se ha dicho y qué no.
“Les pido un veredicto porque no está probado que disparara, sí creó una situación de riesgo porque su intención era amedrentar”, fruto de su “estado mental”.
Guil ha querido lamentar que se haya tildado a su cliente de “racista”, siendo acusado durante la vista judicial de ser de esa condición.
Considera que se ha intentado así influir en miembros del Jurado para rechazar al acusado.
“Estamos ante un enfermo mental, está trastornado. El hacer mal uso de la ley quita valor a las mujeres que denuncian”, ha señalado.
“La vida de Alonso está en sus manos”, ha dicho al reclamar la “libre absolución de su defendido”.
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