De verdad no quiero que se entienda esta columna de hoy como aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, pero entiendo que hoy debo salir en defensa de Juan Carlos Aznar, después de la carta que publicamos en nuestras páginas de opinión en la edición de ayer. Quien sea mal pensado, a lo mejor entiende que soy hermano, primo o pariente de Juan Carlos Aznar. En todo caso podemos tener en común dos cosas: una el apellido y una segunda, es que los dos jugamos en la Glorieta Teniente Reinoso. Y es que la única relación que tengo con Juan Carlos es que crecimos en la misma zona, yo vivía en el Pasaje Fernández y él, en la calle Ingenieros. Además, en todo caso, a lo largo de los años tampoco hemos tenido una relación estrecha porque no se ha dado. Lo digo, por los malpensados.
Sin embargo, como en Ceuta nos conocemos todos, siempre he sabido de la rectitud de Juan Carlos Aznar en cuantos cargos ha ocupado en el mundo cofrade ceutí, llegando al más alto como era presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías. También conozco a la perfección que en su carrera militar también está muy bien considerado por su buen hacer y su profesionalidad. Además, Aznar es una persona seria, que jamás ha sacado los pies del tiesto, al que le gusta hablar en la vida pública lo justo y que es de profundas convicciones. Por tanto, para que haya salido como ha salido en esa carta que no tiene ningún desperdicio es que le han tenido que hacer mucho daño. No ha sido, desde luego, un arranque de furia, porque es pausado y reflexivo. Ha tenido que darle muchas vueltas para dar este paso.
Como decía antes, es una persona de profundas convicciones y las mismas las defiende como el primer soldado en el frente de batalla. Y una de esas convicciones es la importancia que para Ceuta tienen sus tradiciones y entre ellas está el mundo cofrade en el más amplio sentido de la palabra.
No quiero hacer leña del árbol caído, porque ya Juan Carlos Aznar se ha bastado para situar al vicario de la Diócesis en ese lugar que él entiende debe estar. La única reflexión que quiero hacer es que no es oro todo lo que reluce en la vida de la Iglesia de Ceuta. Lo vengo denunciando hace tiempo y a las pruebas me remito. Que tome buena nota desde Cádiz el Obispo de la Diócesis, Monseñor Zornoza por lo que pudiera suceder.
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