Foto: OCU
El pescado en bandeja sigue ganando presencia en los supermercados de Ceuta frente a la clásica pescadería de los mercados. La apuesta por el libre servicio ya forma parte de la estrategia de cadenas, que priorizan formatos más rápidos y fáciles de gestionar.
Sin embargo, muchos consumidores continúan haciéndose la misma pregunta: ¿realmente pagamos más por llevarnos el pescado ya limpio y preparado?
Según un análisis elaborado por OCU, la respuesta depende del tipo de pescado y del formato elegido. En especies pequeñas o presentadas en filetes y raciones, el sobreprecio resulta evidente.
Por ejemplo, la dorada fileteada puede costar hasta un 27% más, mientras que la lubina preparada alcanza diferencias cercanas al 45%. En cambio, cuando se comparan cortes equivalentes de merluza o salmón, las variaciones de precio son mínimas.
Cada vez más establecimientos reducen espacio dedicado a la pescadería tradicional y lo sustituyen por neveras con pescado limpio y empaquetado. El objetivo es doble: ofrecer una compra más cómoda al cliente y simplificar la operativa interna de la tienda.
Para las cadenas de distribución, este modelo presenta numerosas ventajas. Se eliminan colas, se optimiza el espacio comercial y se reduce la necesidad de atención personalizada. Además, preparar el pescado con antelación permite organizar mejor los turnos del personal y controlar con mayor precisión el stock disponible.
Otro aspecto importante es la estandarización del producto. Las bandejas permiten vender piezas con tamaños similares, gramajes homogéneos y etiquetados uniformes, algo que facilita tanto la logística como la experiencia de compra.
A pesar de la comodidad, el cambio también implica renunciar a algunos servicios muy valorados por los consumidores habituales de pescadería. En el mostrador tradicional, el cliente puede pedir cortes específicos, consultar dudas, recibir recomendaciones de preparación o acceder a variedades menos habituales según la temporada.
Con el sistema de bandejas, en cambio, la oferta suele ser mucho más limitada. El surtido se concentra en especies concretas y formatos cerrados, dejando menos margen para personalizar la compra.
También aumenta el uso de envases de plástico y materiales de conservación, un aspecto que genera críticas entre quienes buscan reducir residuos y apostar por un consumo más sostenible.
Para muchos compradores, el pescado en bandeja supone una solución cómoda para el día a día. Entre los beneficios más destacados se encuentran:
La diferencia de precio existe, aunque no afecta igual a todos los productos. En pescados grandes y cortes básicos, comprar en bandeja apenas modifica el coste final. Sin embargo, en piezas pequeñas o elaboraciones listas para cocinar, el incremento puede ser considerable.
Al final, la elección depende de las prioridades de cada consumidor. Quienes buscan rapidez y practicidad probablemente encuentren ventajas claras en el pescado envasado. En cambio, quienes valoran el asesoramiento, la variedad y el corte personalizado seguirán prefiriendo la pescadería tradicional.
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