Cuando cuidas a alguien la vida se torna de otros colores que no conocías. El tiempo ya no es tu tiempo, las horas, los días, las noches, las semanas pasan un calendario vacío en el que no hay nada marcado.
Los cuidadores se lanzan a un abismo de soledad, a un camino sin retorno rodeado de compañeros que compartirán contigo el recorrido angosto de la soledad: la enfermedad, el dolor, las miradas inexpresivas, el olvido y la vida que se apaga en el rostro.
Los cuidadores se preparan para las batallas perdidas que nunca abandonarán, para darse ánimo en el desánimo, para inventar motivos que te rescaten de la oscuridad.
Los cuidadores callan, hablan de las mismas cosas con los que cuidan, los engañan para que coman, para que beban, para que dejen de derramar lágrimas, para intentar que no se hundan en las arenas movedizas de su circunstancia.
Los cuidadores se sienten fuertes aunque estén débiles, salvan cada instante mientras peinan, lavan, curan y dan medicinas a los que cuidan. No tienen treguas, no piensan en tirar la toalla, no se rinden, no pueden cansarse porque cada cansancio se convertirá en un reproche de la conciencia.
Los que no cuidan te lanzarán ánimos, te prometerán visitas, se ofrecerán para cualquier asunto... pero bien saben los cuidadores que ese lenguaje de frases hechas no significan nada, no dicen nada, son palabras vacías y brindis al viento.
Los cuidadores dejan de cuidarse y no quieren saber nada de sí mismos para no desatender a la persona que cuidan.
Los cuidadores se sientan cuando todos está en silencio, cuando no los llaman, cuando la calma descansa, aunque amenace despertarse en cualquier momento.
"Los cuidadores dejan de cuidarse y no quieren saber nada de sí mismos para no desatender a la persona que cuidan"
Los cuidadores no hacen caso al destino; luchan para espantarlo con esperanzas inventadas. Tragan saliva para no ahogarse cuando se sienten superados, comen en cualquier rincón, duermen en un sofá, en una silla, al filo de la cama: siempre están alerta, siempre en guardia, siempre al acecho por si entra cualquier sombra.
Casi siempre son las mujeres las que cuidan, las que están ahí, ahora, descuidadas por una sociedad que no cuentan con ellas, que no son estadísticas, que no opinan, que no son noticia, que no existen, que viven bajo el anonimato, que no son, que tal vez no serán cuidadas porque nadie piensa en las cuidadoras.






