La Guardia Civil celebró este miércoles el 182 aniversario de su fundación. Un momento para mirar al pasado y respetarlo, pero también al futuro para no rendirse ante las trabas que asoman en el sendero recto que quiere seguir la Benemérita.
Un sendero que algunos se empeñan en torcer, en desviar, golpeando con ruido el trabajo que guarda el valor de hombres y mujeres que han escrito con honradez toda una vida en el Cuerpo.
Los últimos son más que los primeros. Siempre. Los que llevan a gala el formar parte del Instituto Armado siempre estarán por encima de los que tuercen promesas por otros intereses olvidando lo que juraron y todo aquello por lo que vistieron este uniforme.
El coronel José María Jiménez dio en su discurso más claves con sus silencios que con sus palabras.
Ese discurso fue la guía elegida para honrar a quienes se lo merecían, a quienes integran las filas de una Comandancia que ha sabido enfrentarse a cuantiosas adversidades. Y lo ha hecho con un trabajo que le ha llevado a ser una de las instituciones más valoradas por los ciudadanos.
Jiménez honró a todos ellos, a los que nunca fallan, y marcó la clave del que sin duda es el reflejo del mayor respeto hacia los compañeros y la Benemérita.
Esa clave no es otra que seguir en la lucha, machacar a los que convierten el narcotráfico en su modo de vida maltratando sociedades enteras.
Una batalla en la que guardias civiles deben trabajar de la mano de una ciudadanía implicada para despreciar sin quiebras ni fisuras todo ese perverso sistema.
No tuvo el coronel Jiménez que decir nada más, ni dar protagonismo a quienes no merecen siquiera ser nombrados porque han pisoteado los valores que juraron defender y han manchado a sus propios compañeros.
Muchas veces los silencios valen más que cualquier otro mensaje, y valen porque no hay que desviar la atención sobre lo único que debe tenerlo: el trabajo, la entrega, el estar ahí cuando la persona lo necesita, luchar para que este mundo lo sigan construyendo los buenos. Siempre los buenos.
“El guardia civil no ha de ser temido, sino de los malhechores, ni temible sino de los enemigos del orden. Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido”. Pues simplemente eso. Tras 182 años de existencia, esas palabras siguen cobrando el mismo sentido hoy en día. No hay más que entender, no hay más que hablar. Solo hay un camino posible y ningún ruido, ninguna traba va a poder enturbiarlo o torcerlo nunca.






